lunes, 4 de marzo de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 16

   La luz del sol entraba por un pequeño hueco de la cremallera que Arturo dejó abierta anoche. ¡Arturo! No estaba. Me puse nerviosa, solo veía su mochila, ninguna nota, nada. Abrí deprisa la cremallera de la tienda de campaña, y antes de salir disparada corriendo, alguien me cogió por detrás, me tapó la boca y me metió de nuevo en la tienda. Era él. Suspiré.

     - ¡Menudo susto me has dado!
     - ¡Chtss! - Me puso el dedo en los labios -

Cerró la cremallera dejando un pequeño hueco por el que mirar. Entonces de nuevo, volví a escuchar pisadas rompiendo ramas a cada paso que daba. Arturo me hizo un gesto para que me asomase a mirar. Era Roberto, estaba cojeando y refunfuñando en voz alta: "Maldita Victoria, por su culpa no puedo andar más deprisa ¡JODER! y no puedo pedir ayuda a nadie, vaya una mierda todo, ¡VAYA UNA MIERDAAA!" Soltó un grito desgarrador, dejando que cayera la poca leña que llevaba al suelo, comenzó a sollozar. Pero no me daba lástima ninguna. Por mí como si se moría ahí mismo.

     - ¿Qué hacemos? ¿Lo seguimos? - Dijo en voz baja Arturo -
     - Sí, pero con mucha distancia, cada paso que se da aquí se oye demasiado. Coge las mochilas y nada más.

Esperamos a que mi hermano dejara de dar pena y continuara su camino. Estaba a unos diez metros cuando abrimos despacio la tienda y comenzamos a seguirlo. Su paso era lento y paraba cada dos por tres a descansar, la herida del pie no dejaba de sangrar, y las vendas estaban cubiertas de sangre.
En la nota que nos arrojó el otro día estaba claro que mentía a la hora de decirnos que tenía amigos, estaba solo, y pretendía darme miedo, pero poco a poco los recursos se le iban acabando y estoy deseando de cogerle, hacerle sufrir y que pague por todo el daño cometido. Me daban igual las consecuencias que pudiese tener mi venganza, yo me quedaría a gusto conmigo misma y por fin podría llevar una vida libre de amenazas y dolor.
¡Crash!
Arturo pisó una rama, nos escondimos detrás de un arbusto, mi hermano se giró y comenzó a gritar: ¿Quién anda ahí? ¡VOY ARMADO! Comenzó a acercarse a nuestro escondite, Arturo me cogió de la mano y comenzó a correr entre los árboles para que Roberto no pudiera vernos. Nos escondimos unos metros más atrás y observamos como mi hermano se asomó justo al arbusto donde nos encontrábamos antes. Su respiración era agitada, tenía más miedo que nosotros, simplemente por que ahora estaba indefenso y cojo no tendría mucha posibilidad de matar a nadie. Miró a su alrededor y siguió su camino.
Con más cautela seguimos su camino, hasta llegar a una pequeña casa abandonada, rota y desgastada por el temporal. Se encontraba cerca del río, tal y como sospechaba. La puerta estaba con marcas de sangre y en el aire se percibía un olor a putrefacción, como si hubiese un cadáver cerca en fase de descomposición. Rodeamos la casa y en la parte trasera había un trastero con ciervos y conejos muertos, amontonados, llenos de sangre y de moscas a su alrededor, de ahí venía ese horrible olor.

     - ¿Por qué tendrá eso ahí?
     - Tiene que alimentarse, Victoria. Aunque ahora en su estado no puede cazar, ¿Morirá de hambre?
     - No creo, seguramente entra en casas ajenas y roba comida, o buscará algo en las basuras. Buahg, con este olor me entran arcadas.
     - Toma, ponte en jersey sobre la mitad del rostro, así no huele tanto.
     - Gracias. - Le sonreí -

¡¡PIUM!!
Una escopeta disparó muy cerca de nosotros, provenía de la casa. Roberto.

     - Malditos cabrones, ¿Quiénes sois? Os puedo escuchar malditos lerdos, lleváis siguiéndome horas. ¡Como os pille, os arrancaré los ojos para poder desayunar algo! - Escupió -
     - ¿Qué hacemos? Si nos movemos nos verá.
     - Arrastrémonos por el suelo, e intentemos entrar por otro sitio.
     - ¿Y si nos ve? Nos disparará, y no creo que falle.
     - ¿Y qué hacemos entonces?
     - Esperemos a que se duerma, o a que anochezca un poco. Ahora a plena luz del día nos ve perfectamente.
     - De acuerdo.

Estuvimos observando toda la tarde los movimientos de Roberto y cada dos por tres cogía la escopeta, una silla vieja y se sentaba a vigilar la entrada de la casa, parecía el típico granjero de película protegiendo su casa de todo ser humano.
Mis tripas comenzaron a sonar, tenía hambre. Lo único que me quedaban eran las galletas de chocolate. De haberlo sabido me hubiese traído más comida. Estaba muy cansada, las deportivas estaban llenas de barro, mis piernas cubiertas de arañazos por todos los arbustos que había atravesado y mi pelo lleno de hojas. La noche acechaba y era el momento de acercarse a mi hermano.


Continuará...

domingo, 3 de marzo de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 15

   La pequeña brisa de aquella tarde jugaba con mi pelo, con suavidad. Respiré hondo, estaba sentada en una de las hamacas del jardín, hablando por teléfono con mis abuelos. Estaban muy contentos con su pequeño capricho, decidieron quedarse un par de días más. Se alegraron de saber que Arturo me hacía compañía, que no estaba sola. De nuevo no pude contarles el percance que tuvimos con Roberto, no quería estropearles sus días felices. 
Arturo preparó unos sándwiches de lomo con queso, acompañados por un batido de plátano. Riquísimo. Durante el tentempié casi no hablamos, yo por lo menos tenía miles de cosas en la cabeza. Me parecía muy raro que alguien trabajara para mi hermano, ya que sin dinero no puede contratar a nadie y con el pie así no puede amenazar con matar a nadie. De repente Arturo me cogió una mano.

     - Victoria ¿Por qué no le dijiste nada a la policía el otro día?
     - La policía está avisada desde hace ocho meses, no tienen noticias de Roberto y yo le veo casi todos los días, son unos inútiles. Prefiero vengarme yo solita de él.

Nos quedamos en silencio, recogió los platos y se metió en casa.
Quería averiguar de una vez el escondite de mi hermano, cogerle, amenazarle y hacerle sentir lo mismo que él hace con los demás, hacerle sentir una mierda. Dejarle tan hundido que se le quiten las ganas de vivir, hacerle tanto daño como para que me suplique por su muerte y no hacerle ese favor.
Cogí una mochila donde metí: unos alicates, una llave inglesa, una cuerda, un bocata, una linterna, una cantimplora con agua y un jersey. Me cambié las deportivas nuevas por unas más viejas. Arturo estuvo observándome todo el tiempo.

     - ¿Te vas?
     - Nos vamos.
     - ¿Dónde?
     - A buscar el escondite de Roberto, por cierto, ¿No te dijo dónde dormía?
     - La verdad es que no. Pero una vez le seguí hasta el bosque que hay cerca del lago, pero le perdí la pista.
     - De acuerdo, vamos al bosque.
     - ¿Estás loca? ¿Y si nos mata?
     - Mira Arturo, llevo ocho meses intentando no pensar en aquella noche, donde observaba cómo mataba a mis padres, cómo sufrían y cómo estuvo a punto de hacer lo mismo conmigo. Estoy harta de esperar a que alguien haga algo, así que lo haré yo misma. ¿Vienes conmigo o no?
     - No voy a dejarte sola en esto.
     - ¡Pues movámonos!

El bosque estaba a unos veinte minutos de mi casa, había que cruzar la carretera para poder adentrarse en él. Abundaban pinos, robles, arbustos...y un pequeño río, que aún no habíamos divisado. Estuvimos andando durante horas sin encontrar nada, estaba anocheciendo, las piernas me temblaban y mi boca estaba seca. El estómago me rugía y solamente me quedaban un par de cajas de galletas de chocolate. Arturo estaba menos cansado, ya que su resistencia era mayor, pero se le notaba que estaba harto de andar.

     - ¿Oyes eso? - Le agarré del brazo -
     - ¿Puede ser el río?
     - Tenemos que encontrarlo. Si mi hermano se encuentra en este bosque, seguramente esté cerca del río para poder tener agua a cada momento.
     - ¡Bien pensado Victoria!

Comenzamos a andar, el sonido del agua cada vez se oía más fuerte, seguimos andando hasta que por fin encontramos el río. Rellenamos las cantimploras. Nos encontrábamos rodeados de árboles, nada más, cada vez se hacía más de noche y era peligroso andar solamente con la linterna como guía, decidimos acampar entre unos arbustos que eran lo bastante grandes como para tapar nuestra tienda de campaña.
Me puse el jersey y me acurruqué en el pecho de Arturo, era tan cómodo...me abrazó y me besó en la frente.
No podía dormir, encendí el móvil y marcaba las 2:00 a.m. Bebí un poco de agua, y volví a tumbarme cerca de Arturo. Iba a cerrar los ojos cuando un ruido que provenía de fuera hizo que me quedara muy quieta y atenta a cualquier otro ruido. Entonces volví a oírlo, era una persona caminando y pisando ramas. Las pisadas pasaron muy cerca de nosotros pero pude oír cómo se alejaban, pero eso no evitó que me quedara despierta el resto de la noche, por si ese alguien descubría nuestro escondite.


Continuará...

   

jueves, 28 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 14

   Abrí lentamente los ojos, mientras notaba unas caricias en mi espalda, era una sensación tan agradable que me quitaban las ganas de levantarme de la cama, siquiera de moverme, no quería dejar de notarlas. Entonces mi piel comenzó a erizarse, a causa de los besos que Arturo comenzó a proporcionarme en el cuello. Me apretó contra él, mientras respiraba más fuerte y me besaba más y más. Con su pequeña nariz perfilaba mi cuello y sus manos se deslizaban cerca de mis muslos, casi rozándolos, haciéndome cosquillas. Se acercó a mi oído.

     - Buenos días princesa - Me mordió la oreja delicadamente -
     - Buenos días - Esbocé una tímida sonrisa -

Después de todo me encantaba que estuviese ahí conmigo, sacándome una sonrisa desde por la mañana, para olvidar todo lo demás por un instante, por unas horas, por una mañana entera. 
Pude notar de nuevo sus labios en mi cuello, subiendo hasta encontrar mis labios. Sus besos eran apasionados, su forma de besar era perfecta, en ninguna ocasión chocaban nuestros dientes, simplemente nos fundíamos en un beso salvaje, el cual no quería que se acabara.
Se colocó encima mía, sin dejar de besarme comenzó a quitarme los pantalones cortos del pijama, después deslizó sus manos por mis caderas, acariciándolas, subiendo por mis costillas mientras me quitaba la camiseta...entonces le empujé y le tiré a la cama poniéndome yo encima, arrancándole la camiseta, y quitándole los pantalones salvajemente. Una chispa se había encendido dentro de mí, quería distraerme de alguna manera de todo lo demás y centrarme solamente en hacer el amor con Arturo, de una manera totalmente salvaje, con nuestro cuerpos empaparnos en sudor y con nosotros las sábanas.
Arturo me cogió de las piernas, me levantó de la cama y me pegó a la pared, besándome por todo el cuerpo. Me sostenía sin esfuerzo alguno, como si no pesase nada. Entonces me agarré a él con una mano, mientras con la otra me quitaba las braguitas negras de "Hello Kitty", entonces me cogió como a un saco de patatas y se bajó los calzoncillos, se incorporó, volvió a cogerme como antes y comenzó a penetrarme fuertemente. Con cada movimiento me hacía gritar más y más, hasta tal punto de tener que arañarle la espalda para dejar de gritar y hacerle sentir que me dejaba satisfecha con cada movimiento.
Me tumbó en la cama, siguió sin parar un solo momento, siquiera para besarme. Seguía y seguía, y las gotas de sudor comenzaban a caer por su rostro, entonces le pedí que me dejara llevar las riendas ahora a mí. Me coloqué encima de él, moviéndome de una manera muy sensual y más calmada. Haciendo que me mirara con deseo, con satisfacción...

     - Victoria, aparta - Decía con la respiración agitada -

Me aparté y mientras descansaba observé cómo acababa de satisfacerse así mismo. Hasta ese momento no me di cuenta de que no usamos preservativo, habíamos sido imprudentes, pero el deseo y las ganas de rozar nuestros cuerpos no me dejaba pensar con claridad, y dejaba atrás esos pequeños detalles. Entonces resopló y me miró fijamente a los ojos, tenía un verde más vivo y más bonito.

     - Eres increíble - Sacó su mejor sonrisa -
     - Permíteme decir lo mismo de ti cariño.

Entonces nuestros rostros llenos de felicidad cambiaron completamente de parecer. Lanzaron desde la calle un ladrillo a la ventana de mi habitación, justo donde estábamos. Me levanté asustada y Arturo se acercó para cogerlo, llevaba una nota enganchada:

     "Querida hermanita, gracias a Dios estoy rodeado de buenos amigos con conocimientos de cura avanzados, no podía ir a un hospital, harían demasiadas preguntas...no puedo moverme mucho ya que estoy cojo, pero mis amigos pueden hacerlo por mí, como puedes comprobar te han entregado esta nota. Quiero que sepas que vas a morir, bueno tanto tú como Arturo, por que ya me has tocado demasiado los cojones con el temita del dinero, entonces lo más fácil será deshacerme de vosotros y buscarlo por mi cuenta. Ten cuidado eh y vigila tu espalda. Un beso."

Era imposible desconectar de aquella pesadilla, maldito sea Roberto. Por un momento de tranquilidad que tenía...ha tenido que dar noticias suyas. Yo ya no sé que hacer. ¿Me voy para no volver? No quiero, no quiero huir...eso es precisamente lo que quería mi hermano y no estaba dispuesta a alejarme de mis seres queridos y de ofrecerle esa satisfacción. Quiero una vida normal, con un novio normal con el que compartir miles de cosas y de momentos felices y si hubiese alguno malo no quiero que sea por culpa de algún hermano cabrón, quiero que sea por peleas tontas, por celos, por cualquier cosa menos por muerte y amenazas.
Arturo se sentó en la cama, no sabía qué decirme, seguramente estaría pensando en irse, o en ayudarme a superar todo esto. Entonces se acercó a mí, me levantó del suelo y me abrazó.

     - Pequeña...estaré aquí para protegerte, aun que me cueste la vida, te lo prometo.


Continuará...



     

lunes, 25 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 13

   Su mirada se quedó fija en la mía, ignorando por completo los gritos que procedían de mi habitación, ignorando a la gente que pasaba cerca de nosotros y se paraba a cotillear. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, no podía verle así, se me partía el alma, pero no sabía qué pensar aún de sus actos, o cómo juzgarle...entonces me agarró de los hombros y con la respiración algo agitada y el rostro lleno de lágrimas me dijo alto y claro:

     - Lo siento, tenía miedo de que Roberto me pudiese matar, pero todo momento pasado a tu lado a sido mágico por que era de verdad y lo sentía por dentro, intenté dejar a un lado los planes de Roberto, pero me atosigaba - Cogió aire - me llamaba a todo momento, me amenazaba para que me dijeras el escondite del dinero...entonces me dijiste que estaba bajo el colchón, sabía que ahí no estaría, he venido lo más rápido posible para avisarte de que Roberto vendría a por ello, no podía aguantar el mentirte más...debía de contártelo...- Bajó la mirada -

     - Has llegado tarde, ¿Sabes? Podría haberme matado, y tú lo hubieses lamentado cada día de tu vida, por no contarme la verdad - Volvió a mirarme a los ojos - Pero sé lo que es estar amenazado de muerte, y el miedo te impide hablar muchas veces...y más sabiendo lo que hizo. Te perdono Arturo, simplemente por que me haces sentir cosas que ningún chico a sido capaz de hacerme sentir y por que al fin y al cabo has sido valiente y has venido a avisarme...

Me giré rápidamente hacia mi casa, aparté las manos de Arturo bruscamente, antes de subir las escaleras observé el charco de sangre que había sobre cada escalón, lo seguí...se dirigía al jardín, palpé el césped por donde había sangre hasta que llegué a unos matorrales pegados a una valla de madera partida, por la cual había estado entrando y saliendo Roberto a sus anchas. 
Arturo me persiguió. asustado y mirando cada dos por tres a los lados, por miedo a mi hermano.

     - Tranquilo, se ha ido. Seguramente a algún hospital cercano para que le curen la herida.
     - ¿Qué ha pasado? - Me miró preocupado - ¿Tú estás bien?
     - Claro, simplemente que en este caso el asustado ha sido él.

¡¡DING DONG!!

Llamaron al timbre, Arturo y yo nos miramos preocupados, pensando quién podría ser. Me dirigí a la puerta, eché un ojo por la mirilla y observé a un par de policías jóvenes acompañados por la vecina de en frente. Le hice un gesto a Arturo para que cogiera la fregona y limpiase lo que se veía desde la puerta. Cogí aire, me limpié las manos en la espalda y abrí la puerta.

     - Buenas tardes - Saludaron los policías -
     - Buenas tardes agentes, ¿Hay algún problema? - Estaba nerviosa. intentaba abrir lo menos posible la puerta para que no vieran a Arturo -
     - Sí, bueno, su vecina de en frente, nos ha llamado diciendo que ha oído unos gritos muy desagradables desde su casa, y asustada nos ha llamado, ¿La importa si echamos un vistazo?
     - Emmm...verán es que... - Arturo me abrazó desde atrás -
     - Cariño ¿Qué ocurre? - Los agentes se miraron -
     - Verá joven, le comentábamos a su...pareja que su vecina ha oído unos gritos fuera de lo normal...- Le cortó Arturo -
     - Oh, les pedimos disculpas, pero creo que se confunden, nosotros solo estábamos...bueno ya saben, siempre la digo a mi pequeña que no grite demasiado por que pueden pasar cosas como estas ¿Verdad cariño? - Me pellizcó en el culo mientras soltaba una pequeña carcajada -
     - Sí, tiene toda la razón - Me subieron los colores -
     - Sentimos las molestias, que pasen una buena tarde.
     - Adiós - Cerré la puerta, miré a Arturo y comenzamos a reírnos -
     - Por los pelos...
     - Ya te digo...¿Soy bueno eh?
     - ¿Mintiendo? El primero - Le aparté y me dirigí al salón -
     - Oye, era una pequeña broma, no debes tomártelo tan a pecho.
     - Mira Arturo, hoy casi me matan, he descubierto que eras el compinche de mi hermano y por si fuera poco anda suelto por ahí cojeando e intentando pensar una nueva manera de matarme y quién sabe si a ti también...- Se sentó a mi lado y me cogió de las manos para besarlas -
     - Perdóname, solo quería relajar un poco el ambiente.
     - Lo se, y gracias, pero no es el momento.

Mas tarde nos pusimos a limpiar la casa, y a recoger mi habitación. Terminamos tarde y Arturo avisó a su padre de que esta noche dormiría aquí conmigo. Yo llamé a los abuelos, me estuvieron contando el grandioso día que pasaron juntos y que esperan que mañana sea mejor, mientras que yo estoy deseando de que esta pesadilla se acabe de una vez.
Arturo se ofreció a preparar la cena, y yo sentada en el sofá de cuero negro de mi abuelo le daba vueltas a la cabeza...¿Y si Roberto se quedara desangrado en un callejón de este pueblo? Él solo no puede llegar a un hospital, y menos con toda la sangre perdida, ¿Y si tiene a otro cómplice? Ahora más que nunca tenía que desconfiar de todo lo que me rodease, incluso de Arturo. Si le ha echo caso a mi hermano en un ocasión, ¿Quién dice que no pueda volver a hacerlo?
Mi cabeza estaba a punto de estallar, no había forma de dejar de pensar en todo durante un instante, seguía todo metido en mi cabeza dando vueltas y vueltas, y yo aquí sobreviviendo otro día más como si mi vida fuese un juego, como si mi vida se me escapase de entre las manos...un pozo lo suficientemente hondo y oscuro del cual no se pudiese salir, no veía el lado positivo por ninguna parte, sentía como todo aquello me superaba por momentos, no podía pedir ayuda a nadie porque eso supondría más muerte y más complicaciones. Ahora solo quería cenar y dormir, nada más.


 Continuará...



    
     

jueves, 21 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 12

   Miré una última vez atrás, pensando en cómo alguien tan amable, capaz de hacerme sentir tantas cosas ha podido ser capaz de utilizarme, y cómo he podido ser tan tonta de haberme creído todo lo que me decía. ¡Soy gilipollas! Grité lo más alto que pude y empecé a pegarle patadas al muro más cercano. Estaba llena de rabia e impotencia, incapaz llorar, la sangre me ardía, nunca nadie me había utilizado de tal manera. La imagen seguía clavada en mi mente: "Llamada perdida de Roberto" cada vez que lo pensaba me sentía más idiota que nunca. Pero esto no iba a acabar así.
Llegué a casa, pero mi abuela no se levantó del sillón para saludarme. Estaba enfadada conmigo por haberme ido de tal manera.

     - Abuela...lo siento, era muy importante, no volveré a irme así, te lo prometo - Alzó la mirada y suspiró -
     - Hija, no es por cómo te has ido, si no por el miedo a perderte, por el miedo a no saber si volverás cada vez que sales por esa puerta, por miedo a que tu hermano te lleve a donde no pueda seguirte - Comenzó a sollozar -
     - Abuela, tranquila, soy fuerte y sabes que si tengo que matarlo...lo haré - Mi abuelo entró por la puerta -
     - Queridas, he alquilado en un hotel cerca de aquí una habitación para ir a un balneario, tengo la espalda fatal, ¿Quieres venir Victoria?
     - No abuelo, muchas gracias, tengo cosas pendientes que hacer aquí.
     - Entonces empieza a hacer la maleta María, que tu nieta nos tiene que llevar.

Mi abuelo estaba bastante mayor, y apartarse de aquí un par de días era lo mejor que podían hacer. Así averiguaría la manera de coger por sorpresa a Roberto, lo único que faltaba es que Arturo le dijera dónde está el dinero para que mi hermano entre en casa y entonces deseará no haber nacido.
Ayudé a mis abuelo a hacer las maletas, cogieron lo necesario y metieron las maletas en el coche. Ayudé a mi abuelo a subir, ya que mi abuela era más joven y podía subir perfectamente sola.
De camino al balneario mi abuela estaba explicándome toda la comida que había en casa, para que no pasara hambre, pero con todo lo que estaba sucediendo no creo que sea capaz de probar bocado. El abuelo no paraba de decirla que no fuese pesada, que ya soy mayorcita, entonces mi abuela comenzó a hacerle burla, la verdad que nos echamos unas risas...¿Y si fueran las últimas risas con mis queridos abuelos? ¿Y si era el último adiós? No quiero ni pensarlo.
Al fin llegamos, solamente estaba a una hora "Hotel y Balneario Agua Cristalina", bajamos las maletas y les acompañé hasta las habitaciones, eran bastante amplias, una cama de matrimonio con un par de mesillas a los lados, una cocina de estilo rural, un salón con un sofá y una televisión de plasma y por último un baño con jacuzzi.

     - Bueno, yo ya me voy, disfrutad - Me acerqué y les abracé más fuerte que nunca mientras les llenaba de besos -
     - Cielo tranquila, que en un par de días nos vemos.
     - Habla por ti María, si me gusta me quedo más, eso sí, ten cuidado Victoria.
     - No os preocupéis, si necesitáis algo llamadme y estoy aquí en una hora - Me despedí y me dirigí al coche -

De camino a casa pasé de largo por el taller de Arturo, pero solo estaba su padre hablando con un señor mayor. Aparqué el coche en el garaje, y antes de entrar en casa escuché a alguien refunfuñar en el piso de arriba. Con cautela entré en la cocina, cogí la jarra de cristal y esperé a escuchar algo más, entonces distinguí su voz, era Roberto.

     - ¡ME VOY A CAGAR EN ARTURO, EN LA ZORRA DE MI HERMANA Y EN LA MADRE QUE LA PARIÓ!...Arturo, querido, ¿Puedes explicarme por qué narices el dinero no está bajo el colchón de mi hermana?...- Comencé a subir despacio las escaleras - Ya hablaremos tu y yo, te ha engañado como a un tonto...deja ya de suplicarme por tu vida no vales para nada - Colgó - Maldito inútil...

Me asomé a mi habitación, Roberto estaba mirando por la ventana, mi habitación estaba echa una leonera, el colchón rajado por todas partes y mis muebles destrozados. Roberto comenzó a reírse, entonces fue cuando me acerqué aún más a él y le arrojé la jarra de cristal, pero rápidamente se agachó esquivando mi ataque, me quedé perpleja.

     - Vaya, vaya, la pequeña zorrita no es tan tonta como esperaba...hola hermanita te echaba de menos - Decía en un tono burlón - Deberías de haber pensado que tu reflejo se ve perfectamente en la ventana querida mía.
     - Serás imbécil, ¡Déjame en paz de una vez! Nunca te daré el dinero, estás perdiendo el tiempo.
     - Tienes suerte de que no pueda matarte - Se acercó más a mí - Pero sí puedo torturarte hasta que salga de tu preciosa boca dónde está el dinero. Piensa que si me lo das no volverás a saber nada de mí nunca más, podrías vivir feliz aquí con los abuelos y con tu querido Arturo.
     - Él es una mierda tan grande como tú.
     - Oh, por favor, ¿Crees que me importa? En cuanto le vea será hombre muerto. Para una cosa que le pido y no es capaz de hacerlo bien, menuda pieza te llevas ¿eh?
     - ¿Cómo? ¿No sois amigos?
     - ¿Amigos? ¿Yo? No cariño, le amenacé con matarle si no descubría dónde estaba el dinero, y como ha fracasado tendré que matarle, en cambio tú vendrás conmigo...- Se abalanzó sobre mí, agarrándome del cuello, a penas podía respirar, no podía hacer nada, me levantó del suelo, me empotró contra la pared y me golpeó la cabeza haciendo que me cayera al suelo, empecé a toser y a coger algo de aire- Mira, o me lo dices, o tus queridos abuelitos sufrirán una muerte lenta y dolorosa.
     - A mis abuelos...¡NI LOS TOQUES! - Cogí las tijeras que se habían caído bajo el zapatero, y le corté el tendón del peroné del pie izquierdo, haciendo que se retorciera de dolor y me gritara de todo menos guapa, cogí unas cuerdas que había en el armario para atarle pero cogió su cuchillo e intentaba clavármelo cada vez que me acercaba a él. Entonces salí corriendo escaleras abajo, a la puerta, y desde la calle se oían sus gritos de dolor...Alguien me cogió del brazo y me giró hacia él, era Arturo, pero no sabía cómo reaccionar, a pesar de saber que era una marioneta que Roberto había estado controlando este tiempo, no sabía si lo que había  pasado entre nosotros era de verdad o era todo puro teatro, no sabía qué hacer o qué decirle...


Continuará...

miércoles, 20 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 11

    No sabía qué hacer ni a quién acudir, por que cada vez sospechaba más de Arturo. ¡PUM! Un ruido muy fuerte provenía de la entrada del jardín. Bajé las escaleras con cautela, esperé a oír algo más entonces otro sonido aún más fuerte en la puerta. Despacio me acerqué a la ventana para poder ver algo pero era de noche y todo estaba oscuro, encendí las luces del jardín.

     - ¡AAAAAAH! - Me caí de culo al ver la cara de mi abuelo -
     - ¿Victoria? Pero muchacha ¿Qué haces? - Me levanté -
     - Abuelo... ¡Menudo susto me has dado! - Abrí la puerta -
     - ¿Qué haces con un cuchillo en la mano?
     - Pues verás he llegado y la puerta estaba abierta de par en par, no había nadie y me he asustado.
     - ¿Abierta dices? Que raro... María ¿has dejado abierta la puerta? - Apareció mi abuela -
     - ¿Yo? Pues si te digo la verdad no me acuerdo.
     - Es muy tarde abuelos, ¿Qué hacíais en el jardín?
     - Hemos cogido un par de tumbonas y nos hemos quedado dormidos viendo las estrellas cielo, sentimos haberte preocupado.
     - Tranquilos, últimamente no se que me pasa...me voy a la cama, buenas noches - Les dí un beso y me fui a dormir -

A la mañana siguiente no dejaba de dar vueltas a la situación de ayer, estaba segura de que Roberto había entrado en casa en busca del dinero. Se acababa mi tiempo y con él la paciencia de mi hermano. No sabía que podía hacer, si al menos supiera cual es su paradero en este momento...las cosas serían de otra manera. Pero ¿Por dónde podría empezar a buscar? ¿Estaría cerca?...¿Lejos quizás? ¿Con Arturo? Demasiadas preguntas y ninguna respuesta. Tenía pensado largarme de aquí para proteger a los abuelos, pero seguro que si me voy les pasaría algo. El estrés se está apoderando de mí por momentos, el miedo le acompaña y locura los empuja a hacer cosas que no están bien.
¡Decidido! me voy a buscar a Roberto, no sé a dónde pero voy a salir.

     - Abuela me voy...
     - ¿A dónde? La comida está casi hecha.
     - De verdad tengo que irme abuela, necesito saber el paradero de mi hermano.
     - ¡Victoria Gómez Díaz! ¿Estás loca? ¡Podría matarte!
     - Bueno, pues déjame intentarlo, por favor.
     - ¡NO! Victoria
     - Lo siento

Salí corriendo de casa, mientras mi abuela seguía gritándome, pero no podía detenerme. Tenía que averiguar su escondite, y creo que es hora de contarle algunas cosas a Arturo, por que si de verdad es él su compinche se delatará con sus actos al contarle todo, absolutamente todo.
Entonces me dirigí a su casa, llamé un par de veces pero nadie contestaba. Me asomé al jardín de atrás y ahí estaba, tomando el sol tranquilamente. La verdad que después de pensar que puede ser amigo de mi hermano ya no me atraía como antes.

     - ¡Arturo! - Se giró para mirarme -
     - Hola ¿Qué haces aquí?
     - Parece que no te hace mucha ilusión verme...será mejor que me vaya.
     - ¡No, espera! Perdona, es que estaba pensando en mis cosas...ven anda - Me acerqué un par de pasos más -
     - Bueno, yo...necesitaba hablar con alguien que no fueran mis abuelos, que ya se saben la historia...
     - Claro, sabes que puedes contarme cualquier cosa - Me dedicó una sonrisa, pero no se la devolví, pensaba cada dos por tres en gritarle y acusarle de algo que ni siquiera sabía si era verdad -
     - Esta bien - Cogí una silla - Todo empezó hace ocho meses, mi padre quería comprar un cupón de lotería y dejó que mi hermano mellizo lo eligiera. Sí, tengo un hermano mellizo. Después de unos días, ese mismo cupón fue premiado, mis padres estaban muy contentos ya que así pudieron pagar sus deudas, pero mi hermano les pidió una parte por ser él quien eligió el cupón premiado, pero mis padres le dijeron que no, ya que iba a malgastarlo en tonterías y caprichos. Roberto al cabo de unos días al ver que sus padres gastaban ese dinero perdió el juicio, golpeó a mis padres con una lámpara en la cabeza dejándolos inconscientes, yo le grité y al ver que había presenciado lo sucedido decidió golpearme a mí también. Cuando desperté me encontraba maniatada en una silla en la habitación de mis padres, ellos también estaban en la misma situación que yo. Los tres gritábamos pero no servía de nada, entonces Roberto comenzó a decir que nunca había sido querido en nuestra familia, que todos los caprichos eran para mí y él era la última mierda. Me tenía celos y los celos le llevaron a la locura. Mis padres le querían hacer ver que eso no era verdad, pero Roberto no escuchaba, se tapaba los oídos, les mandaba callar y les abofeteaba. Entonces cogió uno de los cuchillos de la carnicería de mi padre, y mientras le gritaba que era el peor padre del mundo, le rajó todo el cuello para que no pudiera contestarle, dejándolo todo lleno de sangre, mi madre y yo llorábamos, le gritábamos a mi hermano para que parase, pero entonces se acercó a mi madre y la dijo que en la vida había conocido a alguien como ella, una zorra que tonteaba con todo el vecindario, haciéndoles favores sexuales a los vecinos para poder tener un plato caliente sobre la mesa. Todo eso era mentira, o al menos yo nunca la vi hacer esas cosas, mas que nada por que mi padre ganaba suficiente como para tener algo de comida en la nevera. Pero entonces la dijo que no merecía vivir de esa manera y que en realidad la estaba haciendo un favor, sin decirla nada más la clavó el cuchillo en el estómago, haciendo que hubiera más sangre sobre el suelo de la habitación, incluso llegó a salpicarme en la cara parte de su sangre, no podía llorar más, no me quedaban fuerzas para gritar, sin embargo cuando mi hermano levantó el cuchillo para hacerme ver que yo era la siguiente le dije que no era buena idea, se paró en seco y antes de que me preguntara por qué, la puerta de la casa fue derribada por unos policías que fueron avisados por los vecinos, estaban subiendo las escaleras cuando Roberto me dijo "Volveré a por ti, allá donde vayas te perseguiré, allá donde vallas te encontraré y te mataré" saltó por la ventana y escapó. Los policías quedaron perplejos al ver aquella escena tan gore, me ayudaron a salir de aquella casa y mis abuelos me recogieron. Desde entonces nadie sabe dónde está, por eso me fui a Londres, para que pudiera perderme la pista. Y esto es lo que no me atreví a contarte el otro día...¿Arturo? - Se quedó boquiabierto -

     - ¿Por qué no debía de matarte? ¿Qué excusa ibas a usar?
     - Soy la única que sabe dónde está ese dinero.
     - ¿Dónde?, por curiosidad.
     - Debajo de mi colchón. Pero no se lo digas a nadie, ¿Vale?
     - ¿A quién iba a decírselo? Ni siquiera sabía que tenías un hermano - Soltó una carcajada -
     - Arturo, tráeme un vaso de agua por favor.
     - Enseguida cielo.

En ese momento su móvil estaba sobre la tumbona, lo cogí y busqué en llamadas recibidas, al oír que volvía dejé el móvil de nuevo en su sitio, mientras se acercaba más a mí comencé a sudar, estaba nerviosa, no sabía que hacer, qué decir...entonces salí corriendo con Arturo tras de mí, gritándome que parara, pero empecé a correr más hasta que dejó de perseguirme. Me paré en seco, me faltaba el aire, el pecho me dolía y las lágrimas salían sin esfuerzo alguno, no podía creer aún lo que había leído, me había echo daño y mucho.


Continuará...

martes, 19 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 10

   Estaba anocheciendo y en la televisión no echaban nada interesante. Mi abuelo se había quedado dormido en el sofá, y mi abuela estaba haciendo punto. Decidí darme una ducha y vestirme para quedar de nuevo con Arturo. Seguía dándole vueltas a aquella llamada telefónica que recibió. Quería saber quien era, estaba pensando en quitarle el móvil y averiguar de quién se trataba. Aunque me es imposible pensar que conozca de algo a Roberto, ni siquiera sabe que tengo un hermano mellizo, a no ser que se lo haya contado la abuela. Cogí una chaqueta y bajé de nuevo al salón.

     - Abuela me voy con Arturo, no volveré tarde - Cogí las llaves y la di un beso -
     - Victoria, ten cuidado ¿Vale?
     - Siempre lo tengo.

Salí de casa, sin antes mirar de lado a lado por si me encontraba con Roberto. Casi nunca había nadie, y eso no me gustaba por que si hubiera cualquier problema no serviría de nada gritar.
Me quedaban pocos metros para llegar a casa de Arturo, cuando empecé a oír otros pasos a parte de los míos, aceleré mi paso y mi respiración comenzó a ser más agitada, me quedaba poco para llegar, entonces noté como esa persona también comenzaba a ir más rápido, no quería mirar atrás pero no podía esperar a llegar a casa de Arturo y no poder saber de quién se trataba. Entonces me giré y antes de poder ver nada me choqué con alguien.

     - ¡Ups! vaya, perdona...¿Arturo?
     - Victoria, iba a buscarte a casa
     - Quería darte una sorpresa y he venido antes para...- Me giré y ya no había nadie - verte.
     - Ya lo creo que a sido una sorpresa - Me dedicó una sonrisa y me beso -
     - ¿Dónde te apetece que vayamos?
     - Había pensado que podríamos ver una película en casa, con palomitas y tal...
     - La verdad que me apetece mucho, pero elijo yo la película.
     - Por supuesto señorita - Se acercó para morderme un moflete -

Entramos a su casa, apestaba a tabaco. Me comentó que su padre fumaba mucho, después del fallecimiento de su madre no hacía otra cosa que fumar y fumar, para no pensar en el tema. Tenía colores fríos, apagados, esa casa necesitaba un cambio radical desde luego, o un toque femenino.
Me acerqué a la estantería donde había un montón de películas, entre ellas encontré una de mis favoritas "Saw III" Mientras Arturo preparaba palomitas yo me dediqué a preparar la película. Había un sofá-cama abierto y preparado, era bastante amplio. Arturo apareció con las palomitas recién sacadas del microondas.

     - ¿Qué película has escogido?
     - Una de mis favoritas, "Saw III"
     - Buena elección pequeña - Se sentó a mi lado y colocó el bol en medio de los dos para que cogiésemos palomitas -

La película estaba acabando y hace un buen rato que mis tripas rugían. Decidí ir a la cocina a hacerme un sándwich de nutella. Arturo venía tras de mí, me abrazó por detrás y comenzó a besarme el cuello, solté el cuchillo de untar y me agarré a la encimera mientras Arturo me quitaba los pantalones. Deslizaba sus manos por mis caderas con una intensidad que hacía empapar mi ropa interior. Entonces comenzó a desabrocharse los pantalones cuando sonó su teléfono.

     - Me cago en la puta, ¿Quién cojones...? - Se quedó callado después de ver quién era - ¿Sí? No, aún no - Su voz era algo nerviosa - Cuando pueda... ¡He dicho que cuando pueda! - Colgó -
     - ¿Quién era?
     - Un señor que quiere una pieza de coche nueva y aún no he podido conseguirla-
     - Bueno, es tarde será mejor que me vaya.
     - Pero...
     - Otro día ¿Vale?

Le di un beso y me fui, me olía a sucia mentira lo de la pieza de coche, y mala suerte he tenido al no poder mirar quién llamaba. Ya le cogeré el móvil en otro momento. Me dirigí a casa, la puerta estaba abierta de par en par y un cigarrillo aun encendido en las escaleras de mi casa. Entré corriendo, no había nadie, grité el nombre de mis abuelos con esperanza de que alguien contestara, pero no hubo respuesta alguna, cogí un cuchillo de la cocina y subí escaleras arriba. No había nada, ni rastro de los abuelos, ni rastro de violencia...nada.


Continuará...






lunes, 18 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 9

     ¡No! ¡¡Roberto para por favor!! ¡¡Nooo mamá, papá!! No podía ayudarles, ellos estaban sufriendo, yo atada de pies y manos, no podía hacer nada, mis lágrimas caían por si solas, no podía ni parpadear solo intentaba buscar cualquier forma de poder ayudarles, pero era imposible, no había nada a mi alcance para poder cortar mis ataduras y nada para poder evitar esa locura que tenía cautivo a mi hermano.
Otro día más me desperté con lágrimas en mi rostro, a pesar de que algunos momentos de mi vida empezaban a ser buenos, me era imposible no pensar en ellos de vez en cuando. Les echaba tanto de menos, ahora solo me quedaban mis abuelos, unos padres para mí sin duda. No quiero ni imaginar por lo que hubieran tenido que pasar si también me hubieran perdido a mí.

     - ¿Abuela? - Me levanté de la cama - Abueeeeela
     - Dime hija.
     - ¡AAAAAH! - Me giré para verla y estaba cubierta de sangre -
     - No grites cariño ¿Qué te pasa? - Intentó tocarme pero me alejé de ella, no me fijé en las escaleras que tenía detrás, entonces me escurrí y rodé escaleras abajo, veía a mi abuela ahí arriba mirando cómo me caía, sin ayudarme, sin decir nada...

     - Cariño, Victoria, ¡Despierta! - Mi abuela estaba zarandeándome -
     - Oh, abuela. Yo...yo... - La abrace muy fuerte para notar que estaba ahí de verdad, que todo había sido una pesadilla -
     - ¿Qué pasa querida? ¿Otra pesadilla?
     - Sí abuela, otra de las muchas que me quedan por tener.

Me quedé sentada en la cama, pensando en Roberto, en cualquier cosa que puede estar pensando en hacer. La abuela llamó a la puerta antes de pasar, traía una bandeja con un bol de leche y un cruasán con mermelada de fresa y mantequilla, mi favorito.

     - Muchas gracias abuela, no tenías por que hacerlo.
     - ¿Cómo que no? Tienes que alimentarte muchacha. Bueno, cuéntame qué tal ayer con Arturo.
     - Bueno pues... - Mis mejillas comenzaron a enrojecerse -
     - Te lo dije, el día que lo conociste te pasó lo mismo, estas roja como un tomate, te gusta y lo sabes.
     - Abuelaaa... - Dije entre risas - La verdad que sí, además ayer nos besamos...
     - ¿De verdad? Me alegro un montón cariño. Espero que no te haga daño.
     - Eso espero yo también.

Se levantó de la cama y me dejó desayunar tranquilamente. La verdad que estaba riquísimo. Termine de desayunar y llevé la bandeja hasta la cocina. Me dirigí al salón y salude al abuelo, estaba en su sofá de cuero negro viendo la televisión.Mi móvil comenzó a sonar, era Arturo, estaba llamándome.

     - Hola guapo.
     - Hola preciosa, ¿Te apetece verme?
     - La duda ofende Arturo, ahora mismo voy a tu casa.

Me dirigí al garaje para coger mi bolso que estaba en el coche, pero al encender la luz me quedé petrificada al ver lo que había escrito con sangre en el capó de mi coche "Mi paciencia tiene un límite" Salí disparada a la cocina, a por un trapo y agua con jabón en un cubo, cerré la puerta y eché el pestillo, no quería que se enteraran mis abuelos, no quería que vivieran con más miedo aún. Comencé a frotar, no me cabía en la cabeza que hubiera entrado en la casa sin ser visto, cuando asesinó a Calcetines entró por el jardín, pero ahora que todo estaba cerrado no lograba entender por dónde había entrado.
Ya estaba todo limpio, decidí darme una ducha y ponerme una camiseta a rayas de color naranja y unos pantalones negros cortos. Esta vez necesitaba hablar con Arturo, la situación cada vez empeoraba más, y mi miedo estaba aumentando, en cualquier momento Roberto podría entrar en casa sin ser visto y lo que es peor, podría hacernos daño a alguno de nosotros.
Antes de cruzar la esquina de la casa de Arturo, me quedé parada escuchando una discusión telefónica que estaba teniendo.

     - ¡No! Aún no, déjame un poco más de tiempo y te daré la información. Oye, tranquilízate ¿Vale? Esto no es tan fácil como parece... - Justo en el momento en que me asomé se giró hacia donde estaba yo -
     - Oye tengo que colgar, adiós. Victoria ¿Qué haces?
     - Oh, hola, estaba...buscando un pendiente que se me ha caído - Le sonreí -
     - Vaya, ¿Te apetece que paseemos?
     - Claro.

Se acercó y me besó apasionadamente, como si hiciera mucho tiempo que no nos veíamos, me cogió de la mano y comenzamos a andar. Me mataba la curiosidad, me entraba rabia el no poder saber quién era el autor o autora de la llamada. ¿Y si...? No...imposible que fuese Roberto.
Decidí no pensar más en ello, y disfruté del paseo con Arturo. Hacía una mañana estupenda, estuvimos un par de horas dando vueltas al pueblo, nos compramos un helado y entre risas y besos acabamos tumbados en un césped cercano a nuestras casas. Mientras él me decía las formas de objetos que veía con las nubes, yo le miraba embobada a sus ojos, a su sonrisa y su forma de hablar.
Brrrp brrrp...Mi móvil estaba vibrando, era la abuela.

     - ¿Sí? ¿Abuela estás bien?
     - Sí cariño, era por si podrías comprar el pan para esta tarde.
     - Claro abuela, tranquila - Suspiré y al mismo tiempo observé como Arturo también lo hacía - Oye me tengo que ir ¿Nos vemos esta noche?
     - Como quieras preciosa, tu avísame.

Se levantó y me dio un beso, agarrándome del cuello suavemente, y al despedirse me dio un abrazo muy fuerte, como si tuviese la sensación de que no nos fuéramos a ver más, como si me quisiera decir algo y no pudiese. Una sensación demasiado extraña.
Compré el pan y me dirigí a casa. La abuela había preparado una lasaña riquísima, de carne y atún. Después de comer, estuvimos jugando el abuelo y yo a las cartas, recordando viejos tiempos, aun que no todos los recuerdos eran buenos, yo me quedo con el que estaba viviendo en ese instante.


Continuará...



domingo, 17 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 8

   Estaba muy nerviosa, no me atrevía a decírselo aún. ¿Y si después de contárselo no quisiera saber nada de mí? Además no estoy dispuesta a llorar lo que queda de noche, prefiero hacer alguna locura con él. Entonces me giré para mirarle a esos preciosos ojos verdes que me volvían loca, esa mirada que conseguía que mi pulso se acelerara por momentos, su cuerpo descubierto por el cual mi temperatura corporal aumentaba. No, está claro que ahora no es el momento. Decidí ponerme en pie, quitarme los pantalones y correr hacia el lago. El agua estaba a una temperatura ideal. 
Arturo se quedó mirándome desde el césped, comenzó a reírse y fue tras de mí, comencé a gritar como una quinceañera enamorada, huyendo de él para que no pudiera atraparme, entonces me cogió y comenzamos a reírnos, fue el momento en el que me giré y su cara estaba seria, su mirada clavada en mis labios y las pequeñas gotas de agua cayendo sobre su rostro. Me mordí el labio para que notara que yo también tenía ganas de besarle, entonces fue cuando se acercó y nuestros labios se fundieron en un beso apasionado, me cogió por los muslos y me levantó arrimándome a él, haciendo que el ambiente se caldeara aún más. 
Me sacó del agua en brazos, y me tumbó en el césped. Sus besos eran dulces, poco a poco fue bajando y besándome por el cuello, el pecho y entonces con sus manos apretó mis muslos haciéndome gemir tímidamente. Comenzó a bajarme la parte inferior del bikini, deslizando suavemente su mano hasta mi clítoris, jugando con él, haciendo que le arañara la espalda mientras gemía de placer. Después de hacerme pasar un buen rato, se deshizo de su bañador sin antes sacar un preservativo de su bolsillo, se lo puso y comenzó a penetrarme suavemente.

     - ¿Estás bien? - Dijo sofocado -
     - Perfectamente, no pares Arturo.

Entonces comenzó a hacerlo más intenso, moviéndose más fuerte contra mí, besándome, haciéndome que gritara su nombre cada vez más alto y gritándole que no parara. No quería que ese momento se acabara, era intenso y salvaje. 
Empecé a notar que bajaba el ritmo por el cansancio, entonces le tiré al césped y esta vez me puse yo encima, moviéndome sensualmente y despacio para que fuese más intenso aún. Estábamos sudando exageradamente, en ese momento fue cuando me dijo que estaba a punto, asique seguí un poco más hasta que ahora fue él quien gimió de placer. Me tumbé junto a él, estábamos con la respiración acelerada, sudados, riéndonos y besándonos.

     - Ha sido, espectacular. No sabía esta faceta salvaje de ti, pequeña.
     - Soy una apasionada en el sexo - Me salió una carcajada -
     - ¿Nos bañamos y nos vamos? La luna con su brillo hace que el lago sea precioso en este momento.
     - Claro - Le cogí de la mano y nos dirigimos al agua -

Estuvimos abrazados un buen rato, mirando las estrellas y besándonos. Comenzó a refrescar y decidimos salirnos del agua, secarnos y cambiarnos de ropa. Subimos al coche y me dirigí a la casa de Arturo. Durante todo el viaje estuvo haciéndome caricias en la nuca, consiguiendo que en mi rostro apareciera una sonrisa.

     - Bueno, ya hemos llegado.
     - ¿Sabes qué? Ojalá cada día fuera como hoy - Me besó sin dejar que dijera nada - Buenas noches Victoria.
     - Buenas noches, gracias por el día de hoy.

Se despidió desde la puerta de su casa y me dirigí a la de mis abuelos. Metí el coche en el garaje, abrí la puerta de casa y me preparé un vaso de leche caliente con miel. Cada noche que me acordara me tomaba uno, me sentaba genial. Intentaba no hacer mucho ruido, eran las 2:00 a.m. y no quería despertarlos.
Cuando subí a mi habitación tuve una sensación extraña, como si algo fallara, entonces me acerqué a la habitación de mis abuelos y sin encender la luz me asomé y pude observar dos bultos en cama. Me quedé más tranquila.
Después de ponerme el pijama me tumbé en la cama con una sonrisa, recordando el día de hoy. Era una locura, por que realmente conocía a Arturo de muy pocos días, pero había algo en él que me transmitía confianza, seguridad y sobretodo la facilidad de sacarme una sonrisa.
Desconecté el móvil y me acurruqué en la cama, dejando que mi mente no pensara en otra cosa que en él.


Continuará...

sábado, 16 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 7


     - Abuela, ya se qué es lo que está buscando Roberto, hemos tenido un pequeño encuentro no deseado - Giré mi cabeza para que pudiera ver la quemadura -
     - Santo cielo hija, ¿Estás bien? ¿Qué busca?
     - Sí tranquila, me he echado pomada. El dinero de nuestros padres.
     - Bueno, entonces no tienes de qué preocuparte, está muy bien escondido como tú sabes.
     - Sí, pero si no se lo doy estará dispuesto a hacer otra locura como hizo con mamá, papá y Calcetines, no quiero pasar por algo así otra vez.
     - Pero si se lo das nunca podrás vengarte de él.
     - ¿Y qué hago? No se me ocurre nada...bueno son las seis, tengo que ir a recoger a Arturo, supongo que llegaré tarde, no me esperes despierta, cierra bien toda la casa y si necesitas algo llámame al móvil, por favor abuela.
     - Claro que si cariño, ten cuidado ¿Vale? - Me dio un beso -

Salí de casa y monté en mi nuevo coche. Arturo vivía muy cerca, pero me dijo que al lugar donde quiere llevarme se debe de ir en coche. Él se encargaba de preparar la comida para el pic-nic, a parte de ser guapo, se dedica a cocinar, se le dan bien los coches y ponerme nerviosa con su forma de mirarme...este chico lo tiene todo.
Me encontraba en frente de la casa de Arturo, comencé a tocar el claxon. Salió con una cesta en la mano, llevaba una camiseta de manga corta ajustada de color morado, un bañador largo y unos bóxer dorados que se veían perfectamente por encima del bañador, le daba un toque sexy. Abrió la puerta del coche y se subió.

     - Hola preciosa - Me dió un beso en la mejilla -
     - ¡Hola! ¿Puedo saber qué has preparado de comida?
     - Claro que no, luego lo verás - Me sonrió - Por cierto, te voy indicando.

Arranqué el coche, y me dispuse a ir donde me indicaba Arturo. Pasamos por un desvío que no había visto nunca, la carretera por la que íbamos estaba rodeada por un bosque de infinitos pinos. Más adelante me dijo que aparcara, nada mas salir del coche tuve que quitarme las gafas para poder ver el precioso lago que tenía en frente, el agua era clara y si te acercabas se podían ver algunos peces. El sol bañaba todo el paisaje y daba una temperatura ideal. Decidí quitarme la camiseta y quedarme en bikini. Observé como me miraba Arturo, y por esa mirada parecía que tenía muchas ganas de mí.

     - Ese bikini te sienta muy bien
     - Gracias - Dije sonrojada -

Entonces se quitó la camiseta, se acercó al lago y se echó agua por encima para refrescarse, me quedé como tonta mirando como cada gota de agua caía por su bronceada piel perfecta, por su pecho musculado y sus asombrosos abdominales. Notaba como la temperatura de mi cuerpo empezaba a subir, y no era precisamente por el calor del sol.
Arturo extendió un mantel sobre el césped, y comenzó a sacar la comida. Había alitas de pollo, ensaladilla rusa con palitos de cangrejo, aceitunas y huevo. Unos sándwiches de jamón y queso philadelphia, y por último un plato lleno de frutas cortadas, como kiwi, manzana, plátano y fresas con nata.
Me quedé asombrada, y solo pude decirle que gracias y comenzamos a comer.
Arturo me estuvo comentando que vivía solo con su padre, ya que su madre murió en el parto al tenerle a él, es hijo único. Le hubiera gustado mucho conocerla. Me comentó que conoció a mi abuela por el tema del coche, y por que muchas veces la ayudaba con la compra, se hicieron grandes amigos y la abuela le habló de mí.

     - Bueno no quiero aburrirte, cuéntame Victoria, ¿Porqué te fuiste a Londres?
     - Veras yo...- Se me hizo un nudo en la garganta al tener que pensar en el por qué de mi viaje, los ojos comenzaron a ponerse llorosos y giré la cabeza para que no me viera llorar -
     - Oye, perdona, si no quieres hablar del tema no pasa nada - Me acarició la mejilla -
     - Bueno, la verdad que es bastante fuerte y no es algo de lo que me guste hablar, y menos hoy, el día está siendo perfecto a tu lado y no quiero estropearlo.
     - Ya, pero, si te lo guardas va a llegar un momento en el que no puedas más y explotarás, pero no quiero agobiarte.
     - Si te lo cuento, ¿Me prometes que no te irás de mi lado?
     - Te lo prometo. No creo que sea un motivo por el cual tenga que irme de tu lado.
     - Bueno espero que no te asustes.


Continuará...



viernes, 15 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 6

   Abrí los ojos lentamente, me incorporé, me acerqué a la ventana y subí la persiana por completo. Me quedé observando la misma esquina en la que anoche se encontraba Roberto, tan tranquilo con una sonrisa en la cara, como si no le preocupara nada de lo que a hecho durante una etapa de su vida. Era un asesino, pero parecía no importarle, aún no sabíamos qué quería, ni por qué asesinó a nuestros padres de la manera más descabellada que jamás hubiera podido imaginar. Cada día que pasa intento no pensar en aquellas imágenes que se han quedado grabadas en mi mente, pero me es imposible no hacerlo, tanta sangre y tanta brutalidad y aún no sé por qué lo hizo.
Sentí una presencia detrás de mí, era mi abuelo. Se acercó lentamente a mí, me rodeó los hombros con su brazo y se quedó mirando a la calle como yo hacía.

     - Deberías dejar de torturarte Victoria, desahogarte con alguien que no seamos tu abuela o yo. Tanta rabia acumulada, tantos pensamientos e ira acumulada, no son buenos que te los guardes para ti sola.
     - Lo sé abuelo, lo sé. Pero quiero tener suficiente confianza con esa persona antes de contarle nada.
     - Lo entiendo. Por cierto tu abuela me ha dicho que bajes, te espera en la cocina - Le di un beso en la mejilla, me puse las zapatillas y me dirigí a la cocina.
 
Mi abuela se encontraba sentada en una de las sillas con unas llaves en la mano, pertenecían a un coche. Ella tenía una sonrisa en la cara, me hizo un gesto para que tomase asiento.

     - En estos casi últimos siete meses todos lo hemos pasado bastante mal, pero tú en especial cariño mío. Y no soporto verte apagada, sin esa preciosa sonrisa tuya en la cara, así que tu abuelo y yo nos hemos tomado la libertad de comprar te algo que seguramente te alegre un poco - Se levantó y me dio las llaves del coche -
     - ¿Y estas llaves?

Me cogió de la mano y me llevó a la calle, donde se encontraba un Ford Fiesta nuevo de color azul eléctrico precioso. Me asomé y en el asiento de atrás había un cojín con una foto de mis abuelos y yo en el que ponía "Te Queremos" En mi cara se dibujo una amplia sonrisa, me puse a saltar como una loca, llevaba tiempo esperando tener mi propio coche, y por fin había llegado el momento.

     - Muchísimas gracias abuela, pero ¿Por qué?
     - Como ya sabes, Arturo trabaja en una tienda de mecánica, nuestra vecina puso en venta este coche muy económico ya que tenía un pequeño fallo en el motor, así que le pedí una pequeña ayuda a Arturo para poder tener el coche a punto para cuando estuvieses aquí. Disfrútalo.

Abracé muy fuertemente a mi abuela y la di un beso en su mejilla. La verdad que necesitaba una buena noticia después de tanto tiempo con tristeza acumulada. La guinda del pastel fue la aparición de Arturo dirigiéndose hacia mí. La luz del sol le daba de lleno en sus ojos haciéndolos más claros, y más bonitos, según se acercaba me ponía más nerviosa, cada día tenía menos claro cómo actuar con él. Me gusta y punto.

     - Hola pequeña.
     - ¡Arturo! gracias por arreglar el motor de mi coche.
     - No hay de que - Se acercó más a mí - Esta noche tenía pensado que podríamos pasar la tarde juntos, en el campo, un pic-nic y más tarde tumbarnos a ver las estrellas ¿Qué te parece?
     - Suena estupendo. Es hora de que nos contemos cosas de nuestras vidas.
     - Estoy totalmente de acuerdo, tengo que saber más cosas sobre la chica que me gusta.

Mi cara era de empanada total en ese momento, parecía que no le daba vergüenza decir esas cosas, las soltaba tan normal...parecía muy seguro de lo que decía. Esa es una de las cosas que me gustan de él.

     - A las seis voy a recogerte.
     - Perfecto Victoria - Se acerco más aún y me besó en el moflete -

Al entrar en casa mi abuela me pidió que barriera el patio. Me era difícil salir ahí después de lo ocurrido, por más que intentaba no mirar a aquella pared, acababa haciéndolo. Imaginándome al pequeño Calcetines sufriendo con ese maldito loco de...

     - ¿Hablas de mi? - Piensas demasiado alto querida hermanita -
   
Me quedé petrificada al verle, ahí delante de mí, tan cerca que no me daría tiempo siquiera a gritar, con esa maldita sonrisa en su cara y su querido cigarro en la mano. Yo tenía en una mano la escoba y en la otra el recogedor de hierro, sin pensarlo dos veces intenté arrearle con el recogedor en la cabeza, pero es más astuto que yo, y me lo quitó de un tortazo. Entonces me agarró por el cuello de la camisa, me golpeó contra la pared y sostuvo el cigarrillo cerca de mi ojo.

     - Vamos a ver listilla ¿Te crees más lista que yo acaso? Mas te vale portarte bien o aquí mismo te desangro como a un gorrino ¿Queda claro?
     - ¿Qué es lo que quieres Roberto? ¿Qué haces aquí?
     - Aquí las preguntas las hago yo. ¿Dónde está el dinero de mamá y papá?
     - ¿De qué dinero hablas? - Me apretó más fuerte contra la pared -
     - No te andes con tonterías, por que sabes perfectamente que soy capaz de cometer cualquier locura.
     - Roberto, yo no conozco la existencia de ningún dinero de mamá y papá. ¡Suéltame!
     - Muy mal Victoria muy mal...me obligas a hacer cosas que no quiero...

Me tapó la boca con una de sus manos, mientras empezó a deslizar su cigarrillo cobre mi cuello, quemándome. Intenté resistirme pero me tenía bien agarrada. Me quemaba, me dolía y no podía hacer nada para evitarlo, las lágrimas salieron solas de mis ojos, no podía dejar de llorar. Entonces fue cuando paró y me dijo al oído que si en dos días no le daba una respuesta podría cometer una de sus locuras. Me lamió la quemadura y después se fue con cara de satisfacción.
Evidentemente sabía dónde estaba el dinero de mis padres, pero ni loca se lo daría, eso sería como darle la libertad, la oportunidad de empezar de cero en un sitio nuevo fuera de todo esto y la que debería de hacer eso soy yo, pero cuando se termine todo.
Me quedé sentada en el suelo llorando y pensando en la locura que Roberto podría ser capaz de cometer.


Continuará...

jueves, 14 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 5

  En ese momento exploté, no podía aguantarlo más. Decidí contarle a mi abuela la llamada telefónica que recibí de Roberto la otra noche, la estuve explicando que no quise preocuparles y por eso no se lo dije antes, pero las cosas ahora eran más complicadas. Tenía claro que debía de enfrentarme a Roberto yo solita, mis abuelos ya han soportado bastante por su culpa y no quiero que vuelva a ocurrir otra desgracia como la muerte de mi pequeño Calcetines. En el momento en que se lo conté a la abuela su rostro comenzó a entristecerse, y mucho. Había compartido diez de sus años con ese pequeño gatito, diez años sacándola una sonrisa cada día, ya fuera por sus travesuras o por su simple compañía.
Mi abuelo se quedó de pie durante toda la conversación, sin saber qué decir o cómo actuar ante la situación. Le horrorizaba pensar que Roberto anduviese tan cerca de todos nosotros, pensar que cualquiera podría ser el siguiente, incluso Arturo, simplemente para hacerme daño a mí.
Arturo estaba confuso, no entendía nada. Los únicos que sabían lo de Roberto eran mis abuelos, aún era pronto para contárselo a Arturo. Pero lo cierto es que ahora el también corría peligro. De momento cumpliré mi palabra de no decirle nada hasta más adelante, para no preocuparle más de lo que ya estaba por lo ocurrido.

     - Victoria, acompaña a Arturo a su casa, hoy a sido un día muy largo, deberías descansar.
     - Claro...- Me levanté y le cogí de la mano -

Se despidió de mis abuelos, salimos al porche y se paró en seco. Me giré hacia él levantando una ceja, alzó la vista y clavó su mirada en la mía, se acercó poco a poco y me abrazó.

      - Victoria, si en algún momento necesitas hablar de cualquier cosa, solo llámame - Cogió mi móvil del bolsillo de mi vaquero y apuntó el suyo - Se que no nos conocemos de apenas dos días pero, si necesitas desahogarte con alguien quiero que sepas que aquí estoy.

Solté un pequeño suspiro de alivio, no le pedí que me abrazara en ningún momento pero la verdad es que me sentía más segura entre sus musculosos brazos, era muy confortable

     - Gracias...venga te acompaño a casa.
     - No, no, tranquila. Quédate con tus abuelos, se cuidar de mí mismo cielo. Mañana tengo el día libre y no creo que tenga que trabajar en el taller con mi padre, si quieres que venga solo tienes que llamarme - Me dio un beso en la frente y seguidamente desapareció en la oscuridad -

Cerré con llave, y eché el pestillo. Mi abuelo se fue a la cama sin decir palabra alguna, pero mi abuela se encontraba en el sofá, con un colgante de plata en las manos colocándole al rededor de una vela encendida. Me acerqué para observarlo mejor, no lo veía desde que me fui a Londres. Era precioso, tenía forma de corazón y al abrirlo había una foto de mis padres sonriendo, felices.
Me senté al lado de mi abuela, me pidió que la abrazara y seguidamente lo hice.

     - ¿Cómo es posible que sepa que estás aquí?
     - No lo sé abuela, puede que haya estado siguiéndome durante todo este tiempo, o vigilando tu casa sin que os dierais cuenta el abuelo y tu. Esperando mi llegada para volver a hacer de mi vida una pesadilla.
     - ¿Qué podemos hacer? - Comenzó a sollozar -
     - Tengo que irme de aquí abuela, no puedo quedarme y esperar a que os ocurra algo a ti o al abuelo. No podría perdonármelo.
     - No, por favor te lo pido Victoria, si tengo que morirme que sea en mi casa y sabiendo que tú estás bien protegida. Prométeme que no te irás otra vez, por favor - Su abrazo fue más fuerte -
    - Te lo prometo abuela - Suspiré -

Me pidió que la dejara sola mientras rezaba, mi abuela solía ir a misa cada domingo con sus amigas del bingo, era muy creyente y tenía mucha fe. Pero no logra entender que por tener fe no es suficiente para estar a salvo de un psicópata como Roberto.
Subí a mi habitación, al no poder dormir decidí colocar la ropa de mi maleta en el armario. Cuando terminé fui a bajar la persiana pero en un acto reflejo miré hacia abajo, a la calle, me llevé la mano al pecho, mi corazón se aceleró de una manera brutal, mis ojos se abrieron como platos, no podía creer lo que estaba viendo, era Roberto que estaba observándome desde abajo, con un cigarrillo en la mano y con una sonrisa en la cara. Me agaché, intenté calmarme un poco, aún no estaba preparada para enfrentarme a él, y menos sin ningún arma. Despacio me levante y me asome de nuevo a la ventana pero él ya no estaba, baje la persiana, me puse el pijama y me tumbé en la cama, cerrando los ojos muy fuerte y repitiendo cada dos por tres en mi cabeza "Por favor que no vuelva"
         

Continuará...

miércoles, 13 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 4

  Los ojos de Arturo se abrieron como platos, estaba petrificado sin saber que hacer. Miraba mi manera de llorar, me encontraba arrodillada en el césped mojado, con las manos en la cabeza, balanceándome como si de una loca se tratase, repitiendo una y otra vez "¿Por qué?" 
Por fin pudo reaccionar, me levantó del suelo suavemente y me abrazó apoyando mi cara en su pecho, haciendo que me calmara un poco. Durante un instante mis sollozos no eran tan altos y mi respiración parecía algo más normal. No quería...es mas, no podía volver a mirar aquella escena. Calcetines estaba clavado a la pared con un cuchillo, sus pequeñas tripas estaban esparcidas por el jardín, y con su sangre habían escrito un mensaje en la pared "Te mataré Victoria" Estaba segura de que había sido él, es el único capaz de hacer una cosa así, maldito desgraciado.

     - Victoria, será mejor que pases al salón, te prepararé lo que me pidas, yo limpiaré esta horrible escena - Me miró fijamente a mis ojos, y con sus pulgares apartaba mis lágrimas suavemente -

Lo único que pude hacer es asentir con la cabeza. Era incapaz de poder decir nada, me senté en el sofá con una taza de té en la mano, la imagen seguía clavada en mi cabeza, toda aquella sangre esparcida por el jardín. No quiero ni pensar en los desgarradores maullidos del pequeño Calcetines por el dolor creado por ese maldito...

     - Victoria, tenemos que llamar a la policía - Cerró la puerta del jardín -
     - No, Arturo...no es buena idea.
     - Pero ¿Has visto lo que le ha pasado a Calcetines? ¿La frase de la pared?
     - Sí - Me levanté bruscamente haciendo que Arturo retrocediera - Lo he visto, he visto la misma escena que tú, pero si llamo a la policía acabaré como el pequeño Calcetines, muerta.
     - Entonces...¿Sabes quién ha sido?
     - Arturo, entiende que no puedo hablar ahora - Volví a sentarme en el sofá -
     - Perdona, es que me ha sorprendido bastante, todo esto me parece muy raro... - Se sentó a mi lado -
     - Cuando llegue el momento te lo contaré todo, te lo prometo. Ahora necesito descansar.
     - No te dejaré sola, no...puedo - Sus ojos comenzaron a brillar - Si te ocurriera algo a tí, a tus abuelos, yo no...les tengo demasiado cariño, son como unos padres para mí y...por fin he conocido a la chica de la cual he oído hablar a tu abuela durante seis meses. Seis malditos meses esperando a conocer a la chica de larga melena clara, ojos del color de la miel acompañados por una mirada arrebatadora de la cual no puedo apartar la mirada, y una voz tan dulce que no me cansaría de oír nunca.

Mis mejillas comenzaron a encenderse, no podía apartar mi mirada de sus labios pero tampoco podía hacer nada más. A pesar de aquellas palabras tan sinceras, ahora mismo mi cabeza estaba ocupada en otras muchas cosas más importantes, la primera de todas es que mi vida corre peligro y la de mis seres queridos también y no podría permitir que les ocurriera nada malo.
Arturo me agarró de la nuca para acercarme a él delicadamente, estaba tan cerca de sus labios que podía notar su respiración sobre los míos, sus ojos cerrados y su boca abriéndose poco a poco para besarme, antes de que pudiera pasar nada más, aparecieron por la puerta mis abuelos. Su alegría de volver a verme duró poco al notar que había estado llorando no hace mucho.

     - Cariño, ¿Qué ocurre?
     - Abuela... - No podía evitar que las lágrimas empaparan mis mejillas - ¡ÉL ABUELA, ÉL ES LO QUE OCURRE! - Me levanté del sofá llevándome las manos a la cabeza -
     - ¿Quién? ¿Arturo cariño? - Le señaló -
     - No...precisamente Arturo no. - Suspiré - Tú sabes a quién me refiero y está cerca, muy cerca.

El rostro de la abuela cambió por completo, sabía perfectamente a quién me refería, al causante de mis pesadillas, el causante de quitarme las ganas de vivir, el autor de la muerte de mis padres, un ser tan miserable que me quemaba por dentro tener que reconocer que llevaba mi propia sangre, reconocer que en algún momento de mi vida he podido llegar a quererle, a sentir amor hacia mi otro yo, mi mellizo, Roberto.



Continuará...
         

         

         

martes, 12 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 3

     Aquella noche no podía dormir. Estaba en mi habitación, asomada a la ventana con la luz de la luna alumbrando la calle, las farolas ya estaban apagadas y mi mirada estaba fija y atenta, esperando poder verle... esperando para poder enfrentarme a la situación. 
La policía aún no tenía idea de su paradero y sin embargo anda suelto por ahí, vigilándome y llamándome para asustarme aún más. Lo que más miedo me daba era no saber de lo que era capaz de hacer, sabiendo que podía ser capaz de cualquier cosa. Aún tenía pesadillas por lo ocurrido aquel día, ese maldito día en el que mi vida comenzó a ser una pesadilla y todo por su culpa. 
Eran ya las 4:00 de la mañana, y seguía sin verle. Decidí meterme en la cama e intentar dormir un poco.

La luz del sol me despertó, me daba de lleno en la cara. Calcetines subió a mi cama y comenzó a ronronear, me incorporé y le dediqué unas caricias. Sus preciosos ojos verdes me hicieron recordar a Arturo, aquel chico tan guapo.

Me dirigí a la cocina con Calcetines tras de mí. Me encontré con una nota sobre la mesa, era de la abuela.

     - Cariño, estabas tan guapa durmiendo que he sido incapaz de despertarte, el abuelo y yo hemos aprovechado este precioso día para dar una vuelta y comer en el campo, siento mucho no haberte avisado. Ah, no olvides comprar pan, para acompañar a esas ricas lentejas que te he preparado, no tardaremos. Te Quiero.

Santo cielo, ese loco tan cerca de nosotros y a mis abuelos no se les ocurre otra cosa que salir al campo, tendría que haberle contado a la abuela la llamada que recibí anoche, espero que no les ocurra nada.

Abrí mi maleta, aún sin deshacer. Cogí unos vaqueros cortos, una camiseta de tirantes gris de la marca nike que me regaló mi tío por mi cumpleaños y mis deportivas moradas estaban limpias para ponérmelas. Eché de comer a Calcetines, cogí dinero, las llaves de casa y...antes de salir miré por la mirilla de la puerta, por si las moscas. Solamente había un par de niñas jugando a la pelota. Abrí la puerta, cerré con llave y me dirigí a la panadería. 
Subí la larga cuesta y antes de poder girar la esquina escuché que alguien gritaba mi nombre, no quise girarme por si se trataba de aquél miserable, comencé a andar algo más deprisa hasta que alguien me cogió del brazo, me giré bruscamente y antes de poder gritar me di cuenta de que se trataba de Arturo. Solté un pequeño suspiro.

     - Victoria ¿No me oías? - Esbozó una tímida sonrisa -
     - Oh, hola Arturo - Mi voz era tímida - No, lo siento, estaba pensando en mis cosas.
     - Bueno si quieres me voy...
     - No, no , no. Para nada, puedes acompañarme si quieres a la panadería.
     - Perfecto, yo también me dirijo allí. - Su sonrisa era algo menos tímida -
             
Comenzamos a andar, pero ninguno se atrevió a decir nada. No sabía que me pasaba, yo solía ser muy extrovertida con todo el mundo, pero él tenía la facilidad de hacer que mi corazón latiera más deprisa y no fuera capaz de articular palabra.

     - Oye Victoria, ¿Te apetecería comer hoy en mi casa? 
     - Verás, es que mi abuela ha dejado preparada la comida en casa.
     - Oh...vaya... - Se mordió el labio -
     - Pero hay comida de sobra, ¿ Por qué no te vienes tú ? Además, me harías un gran favor, no me hace mucha gracia tener que comer sola.
     - Perfecto entonces - Su rostro cambió por completo, parecía muy contento.

Tras comprar en la panadería, nos dirigimos a casa. Entramos y le dije que se pusiera cómodo mientras yo calentaba la comida. Pero insistió en ayudarme a poner la mesa. Era tan...amable. Eso me hacía sentir bien, y poder olvidarme de algunas cosas durante unos instantes.

Me sorprendió bastante que supiera dónde se encontraban los cubiertos, los manteles y demás.

     - ¿Cómo es posible que sepas dónde está cada cosa Arturo? - Soltó una pequeña carcajada -
     - ¿Tu abuela no te a dicho nada? No es la primera vez que como aquí, y espero que no sea la última ya que te he conocido.
         
No tenía un espejo delante, pero tenía el mismo color que un tomate seguro. Antes de sentarme a comer, fui a buscar al pequeño Calcetines. Me parecía muy raro que no estuviera jugando con mis pies como solía hacer siempre.
Dentro de la casa no estaba, Arturo comenzó a buscar conmigo a ese pequeño granuja.

     - ¿Has mirado arriba?
     - Sí, pero no hay  ni rastro de él, miraré en el jardín.

Arturo siguió buscando en el piso de abajo, cuando se sobresaltó por mi grito desgarrador que provenía del jardín. Corrió cuanto pudo, pero se paró en seco al ver la causa de mi reacción. 




 Continuará...

             

lunes, 11 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 2

     - ¡NO! ¡¡BASTA YA!! 
     - ¡Victoria!
     - ¡PARA POR FAVOR!! ¡¡YAAA!!
     - ¡¡¡VICTORIA!!! - Comenzó a zarandearme -

Me incorporé rápidamente, asustada y con la respiración acelerada. Observé a mi al rededor y pude ver como mi abuela también estaba asustada. Tenía los ojos entristecidos, llorosos, como si las lágrimas quisieran salir de sus ojos sin esperar un segundo más. Ella sabía perfectamente lo que me pasaba. 
Lo que peor llevaba mi abuela es que a mis dieciocho años, con toda una vida por delante, tenga que vivir con esta carga, la causa de mis pesadillas y la causa de mi viaje.
Me abrazó dulcemente, levantó la persiana de mi habitación, dejando entrar la luz del sol de una bonita mañana de verano, me dio un beso en la frente y se dirigió a la cocina para prepararme el desayuno.
Ya estaba algo más tranquila, me dirigí al baño para refrescarme la cara y poder bajar a desayunar a gusto.
Calcetines jugueteaba con mis pies, haciéndome cosquillas. Mi abuelo entró en la cocina, andaba despacio, cogió una silla y se sentó en frente de mí. Su rostro era de preocupación, sus ojos azules estaban clavados en los míos. 

     - Cielo...¿Cómo estás? - Se quitó las gafas y empezó a limpiarlas -
     - Abuelo...Yo...No puedo dejar de pensar en lo ocurrido, el viaje ha sido en vano, no me ha servido para desconectar...no ha servido de nada...
     - Tu abuela y yo lo hicimos con la mejor intención, pensábamos que alejarte de aquí durante un tiempo era lo mejor para tí, para que olvidaras lo ocurrido, para poder despistarle...
     - Lo sé abuelo, lo sé. Pero no creo que nadie pueda hacerme olvidar que...

¡¡¡DING DONG!!!

     - Oh, cielo abre tú.
     - Enseguida abuelo. - Me levanté de la silla -

Abrí la puerta, era un chico monísimo, su pelo era negro como el carbón, sus ojos eran verdes cual aceituna y su piel tenía un color bronceado. Su aspecto era amable. En su mano sostenía una caja llena de tarjetas de un taller de mecánica "Los González" , ese era su nombre.

     - Hola, me llamo Arturo. - Su rostro era de sorpresa -
     - Ho...Hola, soy Victoria.
     - Perdona pero...¿Aquí no vive María? Una ancianita bastante amable.
     - Claro, es mi abuela.
     - Ahm...- Sacó una sonrisa - Me parecía raro pensar que se iría sin decirme nada, toma, dale esta tarjeta a tu abuela por favor, me la pidió hace unas semanas y con tanto trabajo no he podido acercarme antes.
     - Descuida. - Le devolví la sonrisa - 
     - Adiós y...Encantado - Me guiñó un ojo -

Cerré la puerta con cuidado, apoyé mi espalda en ella, mi pulso estaba acelerado y notaba como mis mejillas aún estaban sonrojadas. Era guapísimo y muy amable. Mi querida abuela y yo teníamos que hablar de muchas cosas, empezando por este chico. ¿Qué relación tendrá con mi abuelita?
Mi abuela se asomó a la puerta.

     - ¿Quién era cariño? - Se limpió las manos en un trapo -
     - Arturo, me ha dado esta tarjeta para tí. 
     - Este muchacho, ¡Ya era hora! - Alzó su mirada hacia mi rostro y soltó una pequeña carcajada -
     - ¡Abuela! ¿De qué te ríes?
     - Te ha gustado. 
     - ¿A mí? Para nada abuela...
   
Se fue hacia la cocina riéndose, no se la escapaba ni una. Seguía sonriendo como una tonta. Quería saber más cosas de él, pero si le pregunto ahora a la abuela cosas sobre él se va a seguir cachondeando de mí, lo sé. Me dirigí al salón, me puse cómoda en el sofá y antes de poder encender la televisión, mi móvil comenzó a vibrar "Número oculto" , sin pensarlo dos veces, descolgué.

     - ¿Quién es?
     - Alguien que sabe que en este momento tu abuelo está durmiendo, tu abuela en la cocina y tú te encuentras en el salón con la mano en la boca y cara de preocupación. - Comenzó a reírse -

Dejé caer mi móvil, me había quedado estática, sin saber que hacer, qué decir o a dónde ir. No podía decirle nada a la abuela por que eso sería tener que volver a separarme de ella y del abuelo y no quería que volviese a pasar, y menos por él. Esta vez tendría que enfrentarme a él, yo sola.


Continuará...