Capítulo 11
No sabía qué hacer ni a quién acudir, por que cada vez sospechaba más de Arturo. ¡PUM! Un ruido muy fuerte provenía de la entrada del jardín. Bajé las escaleras con cautela, esperé a oír algo más entonces otro sonido aún más fuerte en la puerta. Despacio me acerqué a la ventana para poder ver algo pero era de noche y todo estaba oscuro, encendí las luces del jardín.
- ¡AAAAAAH! - Me caí de culo al ver la cara de mi abuelo -
- ¿Victoria? Pero muchacha ¿Qué haces? - Me levanté -
- Abuelo... ¡Menudo susto me has dado! - Abrí la puerta -
- ¿Qué haces con un cuchillo en la mano?
- Pues verás he llegado y la puerta estaba abierta de par en par, no había nadie y me he asustado.
- ¿Abierta dices? Que raro... María ¿has dejado abierta la puerta? - Apareció mi abuela -
- ¿Yo? Pues si te digo la verdad no me acuerdo.
- Es muy tarde abuelos, ¿Qué hacíais en el jardín?
- Hemos cogido un par de tumbonas y nos hemos quedado dormidos viendo las estrellas cielo, sentimos haberte preocupado.
- Tranquilos, últimamente no se que me pasa...me voy a la cama, buenas noches - Les dí un beso y me fui a dormir -
A la mañana siguiente no dejaba de dar vueltas a la situación de ayer, estaba segura de que Roberto había entrado en casa en busca del dinero. Se acababa mi tiempo y con él la paciencia de mi hermano. No sabía que podía hacer, si al menos supiera cual es su paradero en este momento...las cosas serían de otra manera. Pero ¿Por dónde podría empezar a buscar? ¿Estaría cerca?...¿Lejos quizás? ¿Con Arturo? Demasiadas preguntas y ninguna respuesta. Tenía pensado largarme de aquí para proteger a los abuelos, pero seguro que si me voy les pasaría algo. El estrés se está apoderando de mí por momentos, el miedo le acompaña y locura los empuja a hacer cosas que no están bien.
¡Decidido! me voy a buscar a Roberto, no sé a dónde pero voy a salir.
- Abuela me voy...
- ¿A dónde? La comida está casi hecha.
- De verdad tengo que irme abuela, necesito saber el paradero de mi hermano.
- ¡Victoria Gómez Díaz! ¿Estás loca? ¡Podría matarte!
- Bueno, pues déjame intentarlo, por favor.
- ¡NO! Victoria
- Lo siento
Salí corriendo de casa, mientras mi abuela seguía gritándome, pero no podía detenerme. Tenía que averiguar su escondite, y creo que es hora de contarle algunas cosas a Arturo, por que si de verdad es él su compinche se delatará con sus actos al contarle todo, absolutamente todo.
Entonces me dirigí a su casa, llamé un par de veces pero nadie contestaba. Me asomé al jardín de atrás y ahí estaba, tomando el sol tranquilamente. La verdad que después de pensar que puede ser amigo de mi hermano ya no me atraía como antes.
- ¡Arturo! - Se giró para mirarme -
- Hola ¿Qué haces aquí?
- Parece que no te hace mucha ilusión verme...será mejor que me vaya.
- ¡No, espera! Perdona, es que estaba pensando en mis cosas...ven anda - Me acerqué un par de pasos más -
- Bueno, yo...necesitaba hablar con alguien que no fueran mis abuelos, que ya se saben la historia...
- Claro, sabes que puedes contarme cualquier cosa - Me dedicó una sonrisa, pero no se la devolví, pensaba cada dos por tres en gritarle y acusarle de algo que ni siquiera sabía si era verdad -
- Esta bien - Cogí una silla - Todo empezó hace ocho meses, mi padre quería comprar un cupón de lotería y dejó que mi hermano mellizo lo eligiera. Sí, tengo un hermano mellizo. Después de unos días, ese mismo cupón fue premiado, mis padres estaban muy contentos ya que así pudieron pagar sus deudas, pero mi hermano les pidió una parte por ser él quien eligió el cupón premiado, pero mis padres le dijeron que no, ya que iba a malgastarlo en tonterías y caprichos. Roberto al cabo de unos días al ver que sus padres gastaban ese dinero perdió el juicio, golpeó a mis padres con una lámpara en la cabeza dejándolos inconscientes, yo le grité y al ver que había presenciado lo sucedido decidió golpearme a mí también. Cuando desperté me encontraba maniatada en una silla en la habitación de mis padres, ellos también estaban en la misma situación que yo. Los tres gritábamos pero no servía de nada, entonces Roberto comenzó a decir que nunca había sido querido en nuestra familia, que todos los caprichos eran para mí y él era la última mierda. Me tenía celos y los celos le llevaron a la locura. Mis padres le querían hacer ver que eso no era verdad, pero Roberto no escuchaba, se tapaba los oídos, les mandaba callar y les abofeteaba. Entonces cogió uno de los cuchillos de la carnicería de mi padre, y mientras le gritaba que era el peor padre del mundo, le rajó todo el cuello para que no pudiera contestarle, dejándolo todo lleno de sangre, mi madre y yo llorábamos, le gritábamos a mi hermano para que parase, pero entonces se acercó a mi madre y la dijo que en la vida había conocido a alguien como ella, una zorra que tonteaba con todo el vecindario, haciéndoles favores sexuales a los vecinos para poder tener un plato caliente sobre la mesa. Todo eso era mentira, o al menos yo nunca la vi hacer esas cosas, mas que nada por que mi padre ganaba suficiente como para tener algo de comida en la nevera. Pero entonces la dijo que no merecía vivir de esa manera y que en realidad la estaba haciendo un favor, sin decirla nada más la clavó el cuchillo en el estómago, haciendo que hubiera más sangre sobre el suelo de la habitación, incluso llegó a salpicarme en la cara parte de su sangre, no podía llorar más, no me quedaban fuerzas para gritar, sin embargo cuando mi hermano levantó el cuchillo para hacerme ver que yo era la siguiente le dije que no era buena idea, se paró en seco y antes de que me preguntara por qué, la puerta de la casa fue derribada por unos policías que fueron avisados por los vecinos, estaban subiendo las escaleras cuando Roberto me dijo "Volveré a por ti, allá donde vayas te perseguiré, allá donde vallas te encontraré y te mataré" saltó por la ventana y escapó. Los policías quedaron perplejos al ver aquella escena tan gore, me ayudaron a salir de aquella casa y mis abuelos me recogieron. Desde entonces nadie sabe dónde está, por eso me fui a Londres, para que pudiera perderme la pista. Y esto es lo que no me atreví a contarte el otro día...¿Arturo? - Se quedó boquiabierto -
- ¿Por qué no debía de matarte? ¿Qué excusa ibas a usar?
- Soy la única que sabe dónde está ese dinero.
- ¿Dónde?, por curiosidad.
- Debajo de mi colchón. Pero no se lo digas a nadie, ¿Vale?
- ¿A quién iba a decírselo? Ni siquiera sabía que tenías un hermano - Soltó una carcajada -
- Arturo, tráeme un vaso de agua por favor.
- Enseguida cielo.
En ese momento su móvil estaba sobre la tumbona, lo cogí y busqué en llamadas recibidas, al oír que volvía dejé el móvil de nuevo en su sitio, mientras se acercaba más a mí comencé a sudar, estaba nerviosa, no sabía que hacer, qué decir...entonces salí corriendo con Arturo tras de mí, gritándome que parara, pero empecé a correr más hasta que dejó de perseguirme. Me paré en seco, me faltaba el aire, el pecho me dolía y las lágrimas salían sin esfuerzo alguno, no podía creer aún lo que había leído, me había echo daño y mucho.
Continuará...