Capítulo 5
En ese momento exploté, no podía aguantarlo más. Decidí contarle a mi abuela la llamada telefónica que recibí de Roberto la otra noche, la estuve explicando que no quise preocuparles y por eso no se lo dije antes, pero las cosas ahora eran más complicadas. Tenía claro que debía de enfrentarme a Roberto yo solita, mis abuelos ya han soportado bastante por su culpa y no quiero que vuelva a ocurrir otra desgracia como la muerte de mi pequeño Calcetines. En el momento en que se lo conté a la abuela su rostro comenzó a entristecerse, y mucho. Había compartido diez de sus años con ese pequeño gatito, diez años sacándola una sonrisa cada día, ya fuera por sus travesuras o por su simple compañía.
Mi abuelo se quedó de pie durante toda la conversación, sin saber qué decir o cómo actuar ante la situación. Le horrorizaba pensar que Roberto anduviese tan cerca de todos nosotros, pensar que cualquiera podría ser el siguiente, incluso Arturo, simplemente para hacerme daño a mí.
Arturo estaba confuso, no entendía nada. Los únicos que sabían lo de Roberto eran mis abuelos, aún era pronto para contárselo a Arturo. Pero lo cierto es que ahora el también corría peligro. De momento cumpliré mi palabra de no decirle nada hasta más adelante, para no preocuparle más de lo que ya estaba por lo ocurrido.
- Victoria, acompaña a Arturo a su casa, hoy a sido un día muy largo, deberías descansar.
- Claro...- Me levanté y le cogí de la mano -
Se despidió de mis abuelos, salimos al porche y se paró en seco. Me giré hacia él levantando una ceja, alzó la vista y clavó su mirada en la mía, se acercó poco a poco y me abrazó.
- Victoria, si en algún momento necesitas hablar de cualquier cosa, solo llámame - Cogió mi móvil del bolsillo de mi vaquero y apuntó el suyo - Se que no nos conocemos de apenas dos días pero, si necesitas desahogarte con alguien quiero que sepas que aquí estoy.
Solté un pequeño suspiro de alivio, no le pedí que me abrazara en ningún momento pero la verdad es que me sentía más segura entre sus musculosos brazos, era muy confortable
- Gracias...venga te acompaño a casa.
- No, no, tranquila. Quédate con tus abuelos, se cuidar de mí mismo cielo. Mañana tengo el día libre y no creo que tenga que trabajar en el taller con mi padre, si quieres que venga solo tienes que llamarme - Me dio un beso en la frente y seguidamente desapareció en la oscuridad -
Cerré con llave, y eché el pestillo. Mi abuelo se fue a la cama sin decir palabra alguna, pero mi abuela se encontraba en el sofá, con un colgante de plata en las manos colocándole al rededor de una vela encendida. Me acerqué para observarlo mejor, no lo veía desde que me fui a Londres. Era precioso, tenía forma de corazón y al abrirlo había una foto de mis padres sonriendo, felices.
Me senté al lado de mi abuela, me pidió que la abrazara y seguidamente lo hice.
- ¿Cómo es posible que sepa que estás aquí?
- No lo sé abuela, puede que haya estado siguiéndome durante todo este tiempo, o vigilando tu casa sin que os dierais cuenta el abuelo y tu. Esperando mi llegada para volver a hacer de mi vida una pesadilla.
- ¿Qué podemos hacer? - Comenzó a sollozar -
- Tengo que irme de aquí abuela, no puedo quedarme y esperar a que os ocurra algo a ti o al abuelo. No podría perdonármelo.
- No, por favor te lo pido Victoria, si tengo que morirme que sea en mi casa y sabiendo que tú estás bien protegida. Prométeme que no te irás otra vez, por favor - Su abrazo fue más fuerte -
- Te lo prometo abuela - Suspiré -
Me pidió que la dejara sola mientras rezaba, mi abuela solía ir a misa cada domingo con sus amigas del bingo, era muy creyente y tenía mucha fe. Pero no logra entender que por tener fe no es suficiente para estar a salvo de un psicópata como Roberto.
Subí a mi habitación, al no poder dormir decidí colocar la ropa de mi maleta en el armario. Cuando terminé fui a bajar la persiana pero en un acto reflejo miré hacia abajo, a la calle, me llevé la mano al pecho, mi corazón se aceleró de una manera brutal, mis ojos se abrieron como platos, no podía creer lo que estaba viendo, era Roberto que estaba observándome desde abajo, con un cigarrillo en la mano y con una sonrisa en la cara. Me agaché, intenté calmarme un poco, aún no estaba preparada para enfrentarme a él, y menos sin ningún arma. Despacio me levante y me asome de nuevo a la ventana pero él ya no estaba, baje la persiana, me puse el pijama y me tumbé en la cama, cerrando los ojos muy fuerte y repitiendo cada dos por tres en mi cabeza "Por favor que no vuelva"
Continuará...