lunes, 4 de marzo de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 16

   La luz del sol entraba por un pequeño hueco de la cremallera que Arturo dejó abierta anoche. ¡Arturo! No estaba. Me puse nerviosa, solo veía su mochila, ninguna nota, nada. Abrí deprisa la cremallera de la tienda de campaña, y antes de salir disparada corriendo, alguien me cogió por detrás, me tapó la boca y me metió de nuevo en la tienda. Era él. Suspiré.

     - ¡Menudo susto me has dado!
     - ¡Chtss! - Me puso el dedo en los labios -

Cerró la cremallera dejando un pequeño hueco por el que mirar. Entonces de nuevo, volví a escuchar pisadas rompiendo ramas a cada paso que daba. Arturo me hizo un gesto para que me asomase a mirar. Era Roberto, estaba cojeando y refunfuñando en voz alta: "Maldita Victoria, por su culpa no puedo andar más deprisa ¡JODER! y no puedo pedir ayuda a nadie, vaya una mierda todo, ¡VAYA UNA MIERDAAA!" Soltó un grito desgarrador, dejando que cayera la poca leña que llevaba al suelo, comenzó a sollozar. Pero no me daba lástima ninguna. Por mí como si se moría ahí mismo.

     - ¿Qué hacemos? ¿Lo seguimos? - Dijo en voz baja Arturo -
     - Sí, pero con mucha distancia, cada paso que se da aquí se oye demasiado. Coge las mochilas y nada más.

Esperamos a que mi hermano dejara de dar pena y continuara su camino. Estaba a unos diez metros cuando abrimos despacio la tienda y comenzamos a seguirlo. Su paso era lento y paraba cada dos por tres a descansar, la herida del pie no dejaba de sangrar, y las vendas estaban cubiertas de sangre.
En la nota que nos arrojó el otro día estaba claro que mentía a la hora de decirnos que tenía amigos, estaba solo, y pretendía darme miedo, pero poco a poco los recursos se le iban acabando y estoy deseando de cogerle, hacerle sufrir y que pague por todo el daño cometido. Me daban igual las consecuencias que pudiese tener mi venganza, yo me quedaría a gusto conmigo misma y por fin podría llevar una vida libre de amenazas y dolor.
¡Crash!
Arturo pisó una rama, nos escondimos detrás de un arbusto, mi hermano se giró y comenzó a gritar: ¿Quién anda ahí? ¡VOY ARMADO! Comenzó a acercarse a nuestro escondite, Arturo me cogió de la mano y comenzó a correr entre los árboles para que Roberto no pudiera vernos. Nos escondimos unos metros más atrás y observamos como mi hermano se asomó justo al arbusto donde nos encontrábamos antes. Su respiración era agitada, tenía más miedo que nosotros, simplemente por que ahora estaba indefenso y cojo no tendría mucha posibilidad de matar a nadie. Miró a su alrededor y siguió su camino.
Con más cautela seguimos su camino, hasta llegar a una pequeña casa abandonada, rota y desgastada por el temporal. Se encontraba cerca del río, tal y como sospechaba. La puerta estaba con marcas de sangre y en el aire se percibía un olor a putrefacción, como si hubiese un cadáver cerca en fase de descomposición. Rodeamos la casa y en la parte trasera había un trastero con ciervos y conejos muertos, amontonados, llenos de sangre y de moscas a su alrededor, de ahí venía ese horrible olor.

     - ¿Por qué tendrá eso ahí?
     - Tiene que alimentarse, Victoria. Aunque ahora en su estado no puede cazar, ¿Morirá de hambre?
     - No creo, seguramente entra en casas ajenas y roba comida, o buscará algo en las basuras. Buahg, con este olor me entran arcadas.
     - Toma, ponte en jersey sobre la mitad del rostro, así no huele tanto.
     - Gracias. - Le sonreí -

¡¡PIUM!!
Una escopeta disparó muy cerca de nosotros, provenía de la casa. Roberto.

     - Malditos cabrones, ¿Quiénes sois? Os puedo escuchar malditos lerdos, lleváis siguiéndome horas. ¡Como os pille, os arrancaré los ojos para poder desayunar algo! - Escupió -
     - ¿Qué hacemos? Si nos movemos nos verá.
     - Arrastrémonos por el suelo, e intentemos entrar por otro sitio.
     - ¿Y si nos ve? Nos disparará, y no creo que falle.
     - ¿Y qué hacemos entonces?
     - Esperemos a que se duerma, o a que anochezca un poco. Ahora a plena luz del día nos ve perfectamente.
     - De acuerdo.

Estuvimos observando toda la tarde los movimientos de Roberto y cada dos por tres cogía la escopeta, una silla vieja y se sentaba a vigilar la entrada de la casa, parecía el típico granjero de película protegiendo su casa de todo ser humano.
Mis tripas comenzaron a sonar, tenía hambre. Lo único que me quedaban eran las galletas de chocolate. De haberlo sabido me hubiese traído más comida. Estaba muy cansada, las deportivas estaban llenas de barro, mis piernas cubiertas de arañazos por todos los arbustos que había atravesado y mi pelo lleno de hojas. La noche acechaba y era el momento de acercarse a mi hermano.


Continuará...

domingo, 3 de marzo de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 15

   La pequeña brisa de aquella tarde jugaba con mi pelo, con suavidad. Respiré hondo, estaba sentada en una de las hamacas del jardín, hablando por teléfono con mis abuelos. Estaban muy contentos con su pequeño capricho, decidieron quedarse un par de días más. Se alegraron de saber que Arturo me hacía compañía, que no estaba sola. De nuevo no pude contarles el percance que tuvimos con Roberto, no quería estropearles sus días felices. 
Arturo preparó unos sándwiches de lomo con queso, acompañados por un batido de plátano. Riquísimo. Durante el tentempié casi no hablamos, yo por lo menos tenía miles de cosas en la cabeza. Me parecía muy raro que alguien trabajara para mi hermano, ya que sin dinero no puede contratar a nadie y con el pie así no puede amenazar con matar a nadie. De repente Arturo me cogió una mano.

     - Victoria ¿Por qué no le dijiste nada a la policía el otro día?
     - La policía está avisada desde hace ocho meses, no tienen noticias de Roberto y yo le veo casi todos los días, son unos inútiles. Prefiero vengarme yo solita de él.

Nos quedamos en silencio, recogió los platos y se metió en casa.
Quería averiguar de una vez el escondite de mi hermano, cogerle, amenazarle y hacerle sentir lo mismo que él hace con los demás, hacerle sentir una mierda. Dejarle tan hundido que se le quiten las ganas de vivir, hacerle tanto daño como para que me suplique por su muerte y no hacerle ese favor.
Cogí una mochila donde metí: unos alicates, una llave inglesa, una cuerda, un bocata, una linterna, una cantimplora con agua y un jersey. Me cambié las deportivas nuevas por unas más viejas. Arturo estuvo observándome todo el tiempo.

     - ¿Te vas?
     - Nos vamos.
     - ¿Dónde?
     - A buscar el escondite de Roberto, por cierto, ¿No te dijo dónde dormía?
     - La verdad es que no. Pero una vez le seguí hasta el bosque que hay cerca del lago, pero le perdí la pista.
     - De acuerdo, vamos al bosque.
     - ¿Estás loca? ¿Y si nos mata?
     - Mira Arturo, llevo ocho meses intentando no pensar en aquella noche, donde observaba cómo mataba a mis padres, cómo sufrían y cómo estuvo a punto de hacer lo mismo conmigo. Estoy harta de esperar a que alguien haga algo, así que lo haré yo misma. ¿Vienes conmigo o no?
     - No voy a dejarte sola en esto.
     - ¡Pues movámonos!

El bosque estaba a unos veinte minutos de mi casa, había que cruzar la carretera para poder adentrarse en él. Abundaban pinos, robles, arbustos...y un pequeño río, que aún no habíamos divisado. Estuvimos andando durante horas sin encontrar nada, estaba anocheciendo, las piernas me temblaban y mi boca estaba seca. El estómago me rugía y solamente me quedaban un par de cajas de galletas de chocolate. Arturo estaba menos cansado, ya que su resistencia era mayor, pero se le notaba que estaba harto de andar.

     - ¿Oyes eso? - Le agarré del brazo -
     - ¿Puede ser el río?
     - Tenemos que encontrarlo. Si mi hermano se encuentra en este bosque, seguramente esté cerca del río para poder tener agua a cada momento.
     - ¡Bien pensado Victoria!

Comenzamos a andar, el sonido del agua cada vez se oía más fuerte, seguimos andando hasta que por fin encontramos el río. Rellenamos las cantimploras. Nos encontrábamos rodeados de árboles, nada más, cada vez se hacía más de noche y era peligroso andar solamente con la linterna como guía, decidimos acampar entre unos arbustos que eran lo bastante grandes como para tapar nuestra tienda de campaña.
Me puse el jersey y me acurruqué en el pecho de Arturo, era tan cómodo...me abrazó y me besó en la frente.
No podía dormir, encendí el móvil y marcaba las 2:00 a.m. Bebí un poco de agua, y volví a tumbarme cerca de Arturo. Iba a cerrar los ojos cuando un ruido que provenía de fuera hizo que me quedara muy quieta y atenta a cualquier otro ruido. Entonces volví a oírlo, era una persona caminando y pisando ramas. Las pisadas pasaron muy cerca de nosotros pero pude oír cómo se alejaban, pero eso no evitó que me quedara despierta el resto de la noche, por si ese alguien descubría nuestro escondite.


Continuará...