domingo, 3 de marzo de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 15

   La pequeña brisa de aquella tarde jugaba con mi pelo, con suavidad. Respiré hondo, estaba sentada en una de las hamacas del jardín, hablando por teléfono con mis abuelos. Estaban muy contentos con su pequeño capricho, decidieron quedarse un par de días más. Se alegraron de saber que Arturo me hacía compañía, que no estaba sola. De nuevo no pude contarles el percance que tuvimos con Roberto, no quería estropearles sus días felices. 
Arturo preparó unos sándwiches de lomo con queso, acompañados por un batido de plátano. Riquísimo. Durante el tentempié casi no hablamos, yo por lo menos tenía miles de cosas en la cabeza. Me parecía muy raro que alguien trabajara para mi hermano, ya que sin dinero no puede contratar a nadie y con el pie así no puede amenazar con matar a nadie. De repente Arturo me cogió una mano.

     - Victoria ¿Por qué no le dijiste nada a la policía el otro día?
     - La policía está avisada desde hace ocho meses, no tienen noticias de Roberto y yo le veo casi todos los días, son unos inútiles. Prefiero vengarme yo solita de él.

Nos quedamos en silencio, recogió los platos y se metió en casa.
Quería averiguar de una vez el escondite de mi hermano, cogerle, amenazarle y hacerle sentir lo mismo que él hace con los demás, hacerle sentir una mierda. Dejarle tan hundido que se le quiten las ganas de vivir, hacerle tanto daño como para que me suplique por su muerte y no hacerle ese favor.
Cogí una mochila donde metí: unos alicates, una llave inglesa, una cuerda, un bocata, una linterna, una cantimplora con agua y un jersey. Me cambié las deportivas nuevas por unas más viejas. Arturo estuvo observándome todo el tiempo.

     - ¿Te vas?
     - Nos vamos.
     - ¿Dónde?
     - A buscar el escondite de Roberto, por cierto, ¿No te dijo dónde dormía?
     - La verdad es que no. Pero una vez le seguí hasta el bosque que hay cerca del lago, pero le perdí la pista.
     - De acuerdo, vamos al bosque.
     - ¿Estás loca? ¿Y si nos mata?
     - Mira Arturo, llevo ocho meses intentando no pensar en aquella noche, donde observaba cómo mataba a mis padres, cómo sufrían y cómo estuvo a punto de hacer lo mismo conmigo. Estoy harta de esperar a que alguien haga algo, así que lo haré yo misma. ¿Vienes conmigo o no?
     - No voy a dejarte sola en esto.
     - ¡Pues movámonos!

El bosque estaba a unos veinte minutos de mi casa, había que cruzar la carretera para poder adentrarse en él. Abundaban pinos, robles, arbustos...y un pequeño río, que aún no habíamos divisado. Estuvimos andando durante horas sin encontrar nada, estaba anocheciendo, las piernas me temblaban y mi boca estaba seca. El estómago me rugía y solamente me quedaban un par de cajas de galletas de chocolate. Arturo estaba menos cansado, ya que su resistencia era mayor, pero se le notaba que estaba harto de andar.

     - ¿Oyes eso? - Le agarré del brazo -
     - ¿Puede ser el río?
     - Tenemos que encontrarlo. Si mi hermano se encuentra en este bosque, seguramente esté cerca del río para poder tener agua a cada momento.
     - ¡Bien pensado Victoria!

Comenzamos a andar, el sonido del agua cada vez se oía más fuerte, seguimos andando hasta que por fin encontramos el río. Rellenamos las cantimploras. Nos encontrábamos rodeados de árboles, nada más, cada vez se hacía más de noche y era peligroso andar solamente con la linterna como guía, decidimos acampar entre unos arbustos que eran lo bastante grandes como para tapar nuestra tienda de campaña.
Me puse el jersey y me acurruqué en el pecho de Arturo, era tan cómodo...me abrazó y me besó en la frente.
No podía dormir, encendí el móvil y marcaba las 2:00 a.m. Bebí un poco de agua, y volví a tumbarme cerca de Arturo. Iba a cerrar los ojos cuando un ruido que provenía de fuera hizo que me quedara muy quieta y atenta a cualquier otro ruido. Entonces volví a oírlo, era una persona caminando y pisando ramas. Las pisadas pasaron muy cerca de nosotros pero pude oír cómo se alejaban, pero eso no evitó que me quedara despierta el resto de la noche, por si ese alguien descubría nuestro escondite.


Continuará...