- ¡NO! ¡¡BASTA YA!!
- ¡Victoria!
- ¡PARA POR FAVOR!! ¡¡YAAA!!
- ¡¡¡VICTORIA!!! - Comenzó a zarandearme -
Me incorporé rápidamente, asustada y con la respiración acelerada. Observé a mi al rededor y pude ver como mi abuela también estaba asustada. Tenía los ojos entristecidos, llorosos, como si las lágrimas quisieran salir de sus ojos sin esperar un segundo más. Ella sabía perfectamente lo que me pasaba.
Lo que peor llevaba mi abuela es que a mis dieciocho años, con toda una vida por delante, tenga que vivir con esta carga, la causa de mis pesadillas y la causa de mi viaje.
Me abrazó dulcemente, levantó la persiana de mi habitación, dejando entrar la luz del sol de una bonita mañana de verano, me dio un beso en la frente y se dirigió a la cocina para prepararme el desayuno.
Ya estaba algo más tranquila, me dirigí al baño para refrescarme la cara y poder bajar a desayunar a gusto.
Calcetines jugueteaba con mis pies, haciéndome cosquillas. Mi abuelo entró en la cocina, andaba despacio, cogió una silla y se sentó en frente de mí. Su rostro era de preocupación, sus ojos azules estaban clavados en los míos.
- Cielo...¿Cómo estás? - Se quitó las gafas y empezó a limpiarlas -
- Abuelo...Yo...No puedo dejar de pensar en lo ocurrido, el viaje ha sido en vano, no me ha servido para desconectar...no ha servido de nada...
- Tu abuela y yo lo hicimos con la mejor intención, pensábamos que alejarte de aquí durante un tiempo era lo mejor para tí, para que olvidaras lo ocurrido, para poder despistarle...
- Lo sé abuelo, lo sé. Pero no creo que nadie pueda hacerme olvidar que...
¡¡¡DING DONG!!!
- Oh, cielo abre tú.
- Enseguida abuelo. - Me levanté de la silla -
Abrí la puerta, era un chico monísimo, su pelo era negro como el carbón, sus ojos eran verdes cual aceituna y su piel tenía un color bronceado. Su aspecto era amable. En su mano sostenía una caja llena de tarjetas de un taller de mecánica "Los González" , ese era su nombre.
- Hola, me llamo Arturo. - Su rostro era de sorpresa -
- Ho...Hola, soy Victoria.
- Perdona pero...¿Aquí no vive María? Una ancianita bastante amable.
- Claro, es mi abuela.
- Ahm...- Sacó una sonrisa - Me parecía raro pensar que se iría sin decirme nada, toma, dale esta tarjeta a tu abuela por favor, me la pidió hace unas semanas y con tanto trabajo no he podido acercarme antes.
- Descuida. - Le devolví la sonrisa -
- Adiós y...Encantado - Me guiñó un ojo -
Cerré la puerta con cuidado, apoyé mi espalda en ella, mi pulso estaba acelerado y notaba como mis mejillas aún estaban sonrojadas. Era guapísimo y muy amable. Mi querida abuela y yo teníamos que hablar de muchas cosas, empezando por este chico. ¿Qué relación tendrá con mi abuelita?
Mi abuela se asomó a la puerta.
- ¿Quién era cariño? - Se limpió las manos en un trapo -
- Arturo, me ha dado esta tarjeta para tí.
- Este muchacho, ¡Ya era hora! - Alzó su mirada hacia mi rostro y soltó una pequeña carcajada -
- ¡Abuela! ¿De qué te ríes?
- Te ha gustado.
- ¿A mí? Para nada abuela...
Se fue hacia la cocina riéndose, no se la escapaba ni una. Seguía sonriendo como una tonta. Quería saber más cosas de él, pero si le pregunto ahora a la abuela cosas sobre él se va a seguir cachondeando de mí, lo sé. Me dirigí al salón, me puse cómoda en el sofá y antes de poder encender la televisión, mi móvil comenzó a vibrar "Número oculto" , sin pensarlo dos veces, descolgué.
- ¿Quién es?
- Alguien que sabe que en este momento tu abuelo está durmiendo, tu abuela en la cocina y tú te encuentras en el salón con la mano en la boca y cara de preocupación. - Comenzó a reírse -
Dejé caer mi móvil, me había quedado estática, sin saber que hacer, qué decir o a dónde ir. No podía decirle nada a la abuela por que eso sería tener que volver a separarme de ella y del abuelo y no quería que volviese a pasar, y menos por él. Esta vez tendría que enfrentarme a él, yo sola.
Continuará...