Miré una última vez atrás, pensando en cómo alguien tan amable, capaz de hacerme sentir tantas cosas ha podido ser capaz de utilizarme, y cómo he podido ser tan tonta de haberme creído todo lo que me decía. ¡Soy gilipollas! Grité lo más alto que pude y empecé a pegarle patadas al muro más cercano. Estaba llena de rabia e impotencia, incapaz llorar, la sangre me ardía, nunca nadie me había utilizado de tal manera. La imagen seguía clavada en mi mente: "Llamada perdida de Roberto" cada vez que lo pensaba me sentía más idiota que nunca. Pero esto no iba a acabar así.
Llegué a casa, pero mi abuela no se levantó del sillón para saludarme. Estaba enfadada conmigo por haberme ido de tal manera.
- Abuela...lo siento, era muy importante, no volveré a irme así, te lo prometo - Alzó la mirada y suspiró -
- Hija, no es por cómo te has ido, si no por el miedo a perderte, por el miedo a no saber si volverás cada vez que sales por esa puerta, por miedo a que tu hermano te lleve a donde no pueda seguirte - Comenzó a sollozar -
- Abuela, tranquila, soy fuerte y sabes que si tengo que matarlo...lo haré - Mi abuelo entró por la puerta -
- Queridas, he alquilado en un hotel cerca de aquí una habitación para ir a un balneario, tengo la espalda fatal, ¿Quieres venir Victoria?
- No abuelo, muchas gracias, tengo cosas pendientes que hacer aquí.
- Entonces empieza a hacer la maleta María, que tu nieta nos tiene que llevar.
Mi abuelo estaba bastante mayor, y apartarse de aquí un par de días era lo mejor que podían hacer. Así averiguaría la manera de coger por sorpresa a Roberto, lo único que faltaba es que Arturo le dijera dónde está el dinero para que mi hermano entre en casa y entonces deseará no haber nacido.
Ayudé a mis abuelo a hacer las maletas, cogieron lo necesario y metieron las maletas en el coche. Ayudé a mi abuelo a subir, ya que mi abuela era más joven y podía subir perfectamente sola.
De camino al balneario mi abuela estaba explicándome toda la comida que había en casa, para que no pasara hambre, pero con todo lo que estaba sucediendo no creo que sea capaz de probar bocado. El abuelo no paraba de decirla que no fuese pesada, que ya soy mayorcita, entonces mi abuela comenzó a hacerle burla, la verdad que nos echamos unas risas...¿Y si fueran las últimas risas con mis queridos abuelos? ¿Y si era el último adiós? No quiero ni pensarlo.
Al fin llegamos, solamente estaba a una hora "Hotel y Balneario Agua Cristalina", bajamos las maletas y les acompañé hasta las habitaciones, eran bastante amplias, una cama de matrimonio con un par de mesillas a los lados, una cocina de estilo rural, un salón con un sofá y una televisión de plasma y por último un baño con jacuzzi.
- Bueno, yo ya me voy, disfrutad - Me acerqué y les abracé más fuerte que nunca mientras les llenaba de besos -
- Cielo tranquila, que en un par de días nos vemos.
- Habla por ti María, si me gusta me quedo más, eso sí, ten cuidado Victoria.
- No os preocupéis, si necesitáis algo llamadme y estoy aquí en una hora - Me despedí y me dirigí al coche -
De camino a casa pasé de largo por el taller de Arturo, pero solo estaba su padre hablando con un señor mayor. Aparqué el coche en el garaje, y antes de entrar en casa escuché a alguien refunfuñar en el piso de arriba. Con cautela entré en la cocina, cogí la jarra de cristal y esperé a escuchar algo más, entonces distinguí su voz, era Roberto.
- ¡ME VOY A CAGAR EN ARTURO, EN LA ZORRA DE MI HERMANA Y EN LA MADRE QUE LA PARIÓ!...Arturo, querido, ¿Puedes explicarme por qué narices el dinero no está bajo el colchón de mi hermana?...- Comencé a subir despacio las escaleras - Ya hablaremos tu y yo, te ha engañado como a un tonto...deja ya de suplicarme por tu vida no vales para nada - Colgó - Maldito inútil...
Me asomé a mi habitación, Roberto estaba mirando por la ventana, mi habitación estaba echa una leonera, el colchón rajado por todas partes y mis muebles destrozados. Roberto comenzó a reírse, entonces fue cuando me acerqué aún más a él y le arrojé la jarra de cristal, pero rápidamente se agachó esquivando mi ataque, me quedé perpleja.
- Vaya, vaya, la pequeña zorrita no es tan tonta como esperaba...hola hermanita te echaba de menos - Decía en un tono burlón - Deberías de haber pensado que tu reflejo se ve perfectamente en la ventana querida mía.
- Serás imbécil, ¡Déjame en paz de una vez! Nunca te daré el dinero, estás perdiendo el tiempo.
- Tienes suerte de que no pueda matarte - Se acercó más a mí - Pero sí puedo torturarte hasta que salga de tu preciosa boca dónde está el dinero. Piensa que si me lo das no volverás a saber nada de mí nunca más, podrías vivir feliz aquí con los abuelos y con tu querido Arturo.
- Él es una mierda tan grande como tú.
- Oh, por favor, ¿Crees que me importa? En cuanto le vea será hombre muerto. Para una cosa que le pido y no es capaz de hacerlo bien, menuda pieza te llevas ¿eh?
- ¿Cómo? ¿No sois amigos?
- ¿Amigos? ¿Yo? No cariño, le amenacé con matarle si no descubría dónde estaba el dinero, y como ha fracasado tendré que matarle, en cambio tú vendrás conmigo...- Se abalanzó sobre mí, agarrándome del cuello, a penas podía respirar, no podía hacer nada, me levantó del suelo, me empotró contra la pared y me golpeó la cabeza haciendo que me cayera al suelo, empecé a toser y a coger algo de aire- Mira, o me lo dices, o tus queridos abuelitos sufrirán una muerte lenta y dolorosa.
- A mis abuelos...¡NI LOS TOQUES! - Cogí las tijeras que se habían caído bajo el zapatero, y le corté el tendón del peroné del pie izquierdo, haciendo que se retorciera de dolor y me gritara de todo menos guapa, cogí unas cuerdas que había en el armario para atarle pero cogió su cuchillo e intentaba clavármelo cada vez que me acercaba a él. Entonces salí corriendo escaleras abajo, a la puerta, y desde la calle se oían sus gritos de dolor...Alguien me cogió del brazo y me giró hacia él, era Arturo, pero no sabía cómo reaccionar, a pesar de saber que era una marioneta que Roberto había estado controlando este tiempo, no sabía si lo que había pasado entre nosotros era de verdad o era todo puro teatro, no sabía qué hacer o qué decirle...
Continuará...