miércoles, 13 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 4

  Los ojos de Arturo se abrieron como platos, estaba petrificado sin saber que hacer. Miraba mi manera de llorar, me encontraba arrodillada en el césped mojado, con las manos en la cabeza, balanceándome como si de una loca se tratase, repitiendo una y otra vez "¿Por qué?" 
Por fin pudo reaccionar, me levantó del suelo suavemente y me abrazó apoyando mi cara en su pecho, haciendo que me calmara un poco. Durante un instante mis sollozos no eran tan altos y mi respiración parecía algo más normal. No quería...es mas, no podía volver a mirar aquella escena. Calcetines estaba clavado a la pared con un cuchillo, sus pequeñas tripas estaban esparcidas por el jardín, y con su sangre habían escrito un mensaje en la pared "Te mataré Victoria" Estaba segura de que había sido él, es el único capaz de hacer una cosa así, maldito desgraciado.

     - Victoria, será mejor que pases al salón, te prepararé lo que me pidas, yo limpiaré esta horrible escena - Me miró fijamente a mis ojos, y con sus pulgares apartaba mis lágrimas suavemente -

Lo único que pude hacer es asentir con la cabeza. Era incapaz de poder decir nada, me senté en el sofá con una taza de té en la mano, la imagen seguía clavada en mi cabeza, toda aquella sangre esparcida por el jardín. No quiero ni pensar en los desgarradores maullidos del pequeño Calcetines por el dolor creado por ese maldito...

     - Victoria, tenemos que llamar a la policía - Cerró la puerta del jardín -
     - No, Arturo...no es buena idea.
     - Pero ¿Has visto lo que le ha pasado a Calcetines? ¿La frase de la pared?
     - Sí - Me levanté bruscamente haciendo que Arturo retrocediera - Lo he visto, he visto la misma escena que tú, pero si llamo a la policía acabaré como el pequeño Calcetines, muerta.
     - Entonces...¿Sabes quién ha sido?
     - Arturo, entiende que no puedo hablar ahora - Volví a sentarme en el sofá -
     - Perdona, es que me ha sorprendido bastante, todo esto me parece muy raro... - Se sentó a mi lado -
     - Cuando llegue el momento te lo contaré todo, te lo prometo. Ahora necesito descansar.
     - No te dejaré sola, no...puedo - Sus ojos comenzaron a brillar - Si te ocurriera algo a tí, a tus abuelos, yo no...les tengo demasiado cariño, son como unos padres para mí y...por fin he conocido a la chica de la cual he oído hablar a tu abuela durante seis meses. Seis malditos meses esperando a conocer a la chica de larga melena clara, ojos del color de la miel acompañados por una mirada arrebatadora de la cual no puedo apartar la mirada, y una voz tan dulce que no me cansaría de oír nunca.

Mis mejillas comenzaron a encenderse, no podía apartar mi mirada de sus labios pero tampoco podía hacer nada más. A pesar de aquellas palabras tan sinceras, ahora mismo mi cabeza estaba ocupada en otras muchas cosas más importantes, la primera de todas es que mi vida corre peligro y la de mis seres queridos también y no podría permitir que les ocurriera nada malo.
Arturo me agarró de la nuca para acercarme a él delicadamente, estaba tan cerca de sus labios que podía notar su respiración sobre los míos, sus ojos cerrados y su boca abriéndose poco a poco para besarme, antes de que pudiera pasar nada más, aparecieron por la puerta mis abuelos. Su alegría de volver a verme duró poco al notar que había estado llorando no hace mucho.

     - Cariño, ¿Qué ocurre?
     - Abuela... - No podía evitar que las lágrimas empaparan mis mejillas - ¡ÉL ABUELA, ÉL ES LO QUE OCURRE! - Me levanté del sofá llevándome las manos a la cabeza -
     - ¿Quién? ¿Arturo cariño? - Le señaló -
     - No...precisamente Arturo no. - Suspiré - Tú sabes a quién me refiero y está cerca, muy cerca.

El rostro de la abuela cambió por completo, sabía perfectamente a quién me refería, al causante de mis pesadillas, el causante de quitarme las ganas de vivir, el autor de la muerte de mis padres, un ser tan miserable que me quemaba por dentro tener que reconocer que llevaba mi propia sangre, reconocer que en algún momento de mi vida he podido llegar a quererle, a sentir amor hacia mi otro yo, mi mellizo, Roberto.



Continuará...