viernes, 15 de febrero de 2013

MI OTRO YO

Capítulo 6

   Abrí los ojos lentamente, me incorporé, me acerqué a la ventana y subí la persiana por completo. Me quedé observando la misma esquina en la que anoche se encontraba Roberto, tan tranquilo con una sonrisa en la cara, como si no le preocupara nada de lo que a hecho durante una etapa de su vida. Era un asesino, pero parecía no importarle, aún no sabíamos qué quería, ni por qué asesinó a nuestros padres de la manera más descabellada que jamás hubiera podido imaginar. Cada día que pasa intento no pensar en aquellas imágenes que se han quedado grabadas en mi mente, pero me es imposible no hacerlo, tanta sangre y tanta brutalidad y aún no sé por qué lo hizo.
Sentí una presencia detrás de mí, era mi abuelo. Se acercó lentamente a mí, me rodeó los hombros con su brazo y se quedó mirando a la calle como yo hacía.

     - Deberías dejar de torturarte Victoria, desahogarte con alguien que no seamos tu abuela o yo. Tanta rabia acumulada, tantos pensamientos e ira acumulada, no son buenos que te los guardes para ti sola.
     - Lo sé abuelo, lo sé. Pero quiero tener suficiente confianza con esa persona antes de contarle nada.
     - Lo entiendo. Por cierto tu abuela me ha dicho que bajes, te espera en la cocina - Le di un beso en la mejilla, me puse las zapatillas y me dirigí a la cocina.
 
Mi abuela se encontraba sentada en una de las sillas con unas llaves en la mano, pertenecían a un coche. Ella tenía una sonrisa en la cara, me hizo un gesto para que tomase asiento.

     - En estos casi últimos siete meses todos lo hemos pasado bastante mal, pero tú en especial cariño mío. Y no soporto verte apagada, sin esa preciosa sonrisa tuya en la cara, así que tu abuelo y yo nos hemos tomado la libertad de comprar te algo que seguramente te alegre un poco - Se levantó y me dio las llaves del coche -
     - ¿Y estas llaves?

Me cogió de la mano y me llevó a la calle, donde se encontraba un Ford Fiesta nuevo de color azul eléctrico precioso. Me asomé y en el asiento de atrás había un cojín con una foto de mis abuelos y yo en el que ponía "Te Queremos" En mi cara se dibujo una amplia sonrisa, me puse a saltar como una loca, llevaba tiempo esperando tener mi propio coche, y por fin había llegado el momento.

     - Muchísimas gracias abuela, pero ¿Por qué?
     - Como ya sabes, Arturo trabaja en una tienda de mecánica, nuestra vecina puso en venta este coche muy económico ya que tenía un pequeño fallo en el motor, así que le pedí una pequeña ayuda a Arturo para poder tener el coche a punto para cuando estuvieses aquí. Disfrútalo.

Abracé muy fuertemente a mi abuela y la di un beso en su mejilla. La verdad que necesitaba una buena noticia después de tanto tiempo con tristeza acumulada. La guinda del pastel fue la aparición de Arturo dirigiéndose hacia mí. La luz del sol le daba de lleno en sus ojos haciéndolos más claros, y más bonitos, según se acercaba me ponía más nerviosa, cada día tenía menos claro cómo actuar con él. Me gusta y punto.

     - Hola pequeña.
     - ¡Arturo! gracias por arreglar el motor de mi coche.
     - No hay de que - Se acercó más a mí - Esta noche tenía pensado que podríamos pasar la tarde juntos, en el campo, un pic-nic y más tarde tumbarnos a ver las estrellas ¿Qué te parece?
     - Suena estupendo. Es hora de que nos contemos cosas de nuestras vidas.
     - Estoy totalmente de acuerdo, tengo que saber más cosas sobre la chica que me gusta.

Mi cara era de empanada total en ese momento, parecía que no le daba vergüenza decir esas cosas, las soltaba tan normal...parecía muy seguro de lo que decía. Esa es una de las cosas que me gustan de él.

     - A las seis voy a recogerte.
     - Perfecto Victoria - Se acerco más aún y me besó en el moflete -

Al entrar en casa mi abuela me pidió que barriera el patio. Me era difícil salir ahí después de lo ocurrido, por más que intentaba no mirar a aquella pared, acababa haciéndolo. Imaginándome al pequeño Calcetines sufriendo con ese maldito loco de...

     - ¿Hablas de mi? - Piensas demasiado alto querida hermanita -
   
Me quedé petrificada al verle, ahí delante de mí, tan cerca que no me daría tiempo siquiera a gritar, con esa maldita sonrisa en su cara y su querido cigarro en la mano. Yo tenía en una mano la escoba y en la otra el recogedor de hierro, sin pensarlo dos veces intenté arrearle con el recogedor en la cabeza, pero es más astuto que yo, y me lo quitó de un tortazo. Entonces me agarró por el cuello de la camisa, me golpeó contra la pared y sostuvo el cigarrillo cerca de mi ojo.

     - Vamos a ver listilla ¿Te crees más lista que yo acaso? Mas te vale portarte bien o aquí mismo te desangro como a un gorrino ¿Queda claro?
     - ¿Qué es lo que quieres Roberto? ¿Qué haces aquí?
     - Aquí las preguntas las hago yo. ¿Dónde está el dinero de mamá y papá?
     - ¿De qué dinero hablas? - Me apretó más fuerte contra la pared -
     - No te andes con tonterías, por que sabes perfectamente que soy capaz de cometer cualquier locura.
     - Roberto, yo no conozco la existencia de ningún dinero de mamá y papá. ¡Suéltame!
     - Muy mal Victoria muy mal...me obligas a hacer cosas que no quiero...

Me tapó la boca con una de sus manos, mientras empezó a deslizar su cigarrillo cobre mi cuello, quemándome. Intenté resistirme pero me tenía bien agarrada. Me quemaba, me dolía y no podía hacer nada para evitarlo, las lágrimas salieron solas de mis ojos, no podía dejar de llorar. Entonces fue cuando paró y me dijo al oído que si en dos días no le daba una respuesta podría cometer una de sus locuras. Me lamió la quemadura y después se fue con cara de satisfacción.
Evidentemente sabía dónde estaba el dinero de mis padres, pero ni loca se lo daría, eso sería como darle la libertad, la oportunidad de empezar de cero en un sitio nuevo fuera de todo esto y la que debería de hacer eso soy yo, pero cuando se termine todo.
Me quedé sentada en el suelo llorando y pensando en la locura que Roberto podría ser capaz de cometer.


Continuará...