Capítulo 14
Abrí lentamente los ojos, mientras notaba unas caricias en mi espalda, era una sensación tan agradable que me quitaban las ganas de levantarme de la cama, siquiera de moverme, no quería dejar de notarlas. Entonces mi piel comenzó a erizarse, a causa de los besos que Arturo comenzó a proporcionarme en el cuello. Me apretó contra él, mientras respiraba más fuerte y me besaba más y más. Con su pequeña nariz perfilaba mi cuello y sus manos se deslizaban cerca de mis muslos, casi rozándolos, haciéndome cosquillas. Se acercó a mi oído.
- Buenos días princesa - Me mordió la oreja delicadamente -
- Buenos días - Esbocé una tímida sonrisa -
Después de todo me encantaba que estuviese ahí conmigo, sacándome una sonrisa desde por la mañana, para olvidar todo lo demás por un instante, por unas horas, por una mañana entera.
Pude notar de nuevo sus labios en mi cuello, subiendo hasta encontrar mis labios. Sus besos eran apasionados, su forma de besar era perfecta, en ninguna ocasión chocaban nuestros dientes, simplemente nos fundíamos en un beso salvaje, el cual no quería que se acabara.
Se colocó encima mía, sin dejar de besarme comenzó a quitarme los pantalones cortos del pijama, después deslizó sus manos por mis caderas, acariciándolas, subiendo por mis costillas mientras me quitaba la camiseta...entonces le empujé y le tiré a la cama poniéndome yo encima, arrancándole la camiseta, y quitándole los pantalones salvajemente. Una chispa se había encendido dentro de mí, quería distraerme de alguna manera de todo lo demás y centrarme solamente en hacer el amor con Arturo, de una manera totalmente salvaje, con nuestro cuerpos empaparnos en sudor y con nosotros las sábanas.
Arturo me cogió de las piernas, me levantó de la cama y me pegó a la pared, besándome por todo el cuerpo. Me sostenía sin esfuerzo alguno, como si no pesase nada. Entonces me agarré a él con una mano, mientras con la otra me quitaba las braguitas negras de "Hello Kitty", entonces me cogió como a un saco de patatas y se bajó los calzoncillos, se incorporó, volvió a cogerme como antes y comenzó a penetrarme fuertemente. Con cada movimiento me hacía gritar más y más, hasta tal punto de tener que arañarle la espalda para dejar de gritar y hacerle sentir que me dejaba satisfecha con cada movimiento.
Me tumbó en la cama, siguió sin parar un solo momento, siquiera para besarme. Seguía y seguía, y las gotas de sudor comenzaban a caer por su rostro, entonces le pedí que me dejara llevar las riendas ahora a mí. Me coloqué encima de él, moviéndome de una manera muy sensual y más calmada. Haciendo que me mirara con deseo, con satisfacción...
- Victoria, aparta - Decía con la respiración agitada -
Me aparté y mientras descansaba observé cómo acababa de satisfacerse así mismo. Hasta ese momento no me di cuenta de que no usamos preservativo, habíamos sido imprudentes, pero el deseo y las ganas de rozar nuestros cuerpos no me dejaba pensar con claridad, y dejaba atrás esos pequeños detalles. Entonces resopló y me miró fijamente a los ojos, tenía un verde más vivo y más bonito.
- Eres increíble - Sacó su mejor sonrisa -
- Permíteme decir lo mismo de ti cariño.
Entonces nuestros rostros llenos de felicidad cambiaron completamente de parecer. Lanzaron desde la calle un ladrillo a la ventana de mi habitación, justo donde estábamos. Me levanté asustada y Arturo se acercó para cogerlo, llevaba una nota enganchada:
"Querida hermanita, gracias a Dios estoy rodeado de buenos amigos con conocimientos de cura avanzados, no podía ir a un hospital, harían demasiadas preguntas...no puedo moverme mucho ya que estoy cojo, pero mis amigos pueden hacerlo por mí, como puedes comprobar te han entregado esta nota. Quiero que sepas que vas a morir, bueno tanto tú como Arturo, por que ya me has tocado demasiado los cojones con el temita del dinero, entonces lo más fácil será deshacerme de vosotros y buscarlo por mi cuenta. Ten cuidado eh y vigila tu espalda. Un beso."
Era imposible desconectar de aquella pesadilla, maldito sea Roberto. Por un momento de tranquilidad que tenía...ha tenido que dar noticias suyas. Yo ya no sé que hacer. ¿Me voy para no volver? No quiero, no quiero huir...eso es precisamente lo que quería mi hermano y no estaba dispuesta a alejarme de mis seres queridos y de ofrecerle esa satisfacción. Quiero una vida normal, con un novio normal con el que compartir miles de cosas y de momentos felices y si hubiese alguno malo no quiero que sea por culpa de algún hermano cabrón, quiero que sea por peleas tontas, por celos, por cualquier cosa menos por muerte y amenazas.
Arturo se sentó en la cama, no sabía qué decirme, seguramente estaría pensando en irse, o en ayudarme a superar todo esto. Entonces se acercó a mí, me levantó del suelo y me abrazó.
- Pequeña...estaré aquí para protegerte, aun que me cueste la vida, te lo prometo.
Continuará...
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