Capítulo 8
Estaba muy nerviosa, no me atrevía a decírselo aún. ¿Y si después de contárselo no quisiera saber nada de mí? Además no estoy dispuesta a llorar lo que queda de noche, prefiero hacer alguna locura con él. Entonces me giré para mirarle a esos preciosos ojos verdes que me volvían loca, esa mirada que conseguía que mi pulso se acelerara por momentos, su cuerpo descubierto por el cual mi temperatura corporal aumentaba. No, está claro que ahora no es el momento. Decidí ponerme en pie, quitarme los pantalones y correr hacia el lago. El agua estaba a una temperatura ideal.
Arturo se quedó mirándome desde el césped, comenzó a reírse y fue tras de mí, comencé a gritar como una quinceañera enamorada, huyendo de él para que no pudiera atraparme, entonces me cogió y comenzamos a reírnos, fue el momento en el que me giré y su cara estaba seria, su mirada clavada en mis labios y las pequeñas gotas de agua cayendo sobre su rostro. Me mordí el labio para que notara que yo también tenía ganas de besarle, entonces fue cuando se acercó y nuestros labios se fundieron en un beso apasionado, me cogió por los muslos y me levantó arrimándome a él, haciendo que el ambiente se caldeara aún más.
Me sacó del agua en brazos, y me tumbó en el césped. Sus besos eran dulces, poco a poco fue bajando y besándome por el cuello, el pecho y entonces con sus manos apretó mis muslos haciéndome gemir tímidamente. Comenzó a bajarme la parte inferior del bikini, deslizando suavemente su mano hasta mi clítoris, jugando con él, haciendo que le arañara la espalda mientras gemía de placer. Después de hacerme pasar un buen rato, se deshizo de su bañador sin antes sacar un preservativo de su bolsillo, se lo puso y comenzó a penetrarme suavemente.
- ¿Estás bien? - Dijo sofocado -
- Perfectamente, no pares Arturo.
Entonces comenzó a hacerlo más intenso, moviéndose más fuerte contra mí, besándome, haciéndome que gritara su nombre cada vez más alto y gritándole que no parara. No quería que ese momento se acabara, era intenso y salvaje.
Empecé a notar que bajaba el ritmo por el cansancio, entonces le tiré al césped y esta vez me puse yo encima, moviéndome sensualmente y despacio para que fuese más intenso aún. Estábamos sudando exageradamente, en ese momento fue cuando me dijo que estaba a punto, asique seguí un poco más hasta que ahora fue él quien gimió de placer. Me tumbé junto a él, estábamos con la respiración acelerada, sudados, riéndonos y besándonos.
- Ha sido, espectacular. No sabía esta faceta salvaje de ti, pequeña.
- Soy una apasionada en el sexo - Me salió una carcajada -
- ¿Nos bañamos y nos vamos? La luna con su brillo hace que el lago sea precioso en este momento.
- Claro - Le cogí de la mano y nos dirigimos al agua -
Estuvimos abrazados un buen rato, mirando las estrellas y besándonos. Comenzó a refrescar y decidimos salirnos del agua, secarnos y cambiarnos de ropa. Subimos al coche y me dirigí a la casa de Arturo. Durante todo el viaje estuvo haciéndome caricias en la nuca, consiguiendo que en mi rostro apareciera una sonrisa.
- Bueno, ya hemos llegado.
- ¿Sabes qué? Ojalá cada día fuera como hoy - Me besó sin dejar que dijera nada - Buenas noches Victoria.
- Buenas noches, gracias por el día de hoy.
Se despidió desde la puerta de su casa y me dirigí a la de mis abuelos. Metí el coche en el garaje, abrí la puerta de casa y me preparé un vaso de leche caliente con miel. Cada noche que me acordara me tomaba uno, me sentaba genial. Intentaba no hacer mucho ruido, eran las 2:00 a.m. y no quería despertarlos.
Cuando subí a mi habitación tuve una sensación extraña, como si algo fallara, entonces me acerqué a la habitación de mis abuelos y sin encender la luz me asomé y pude observar dos bultos en cama. Me quedé más tranquila.
Después de ponerme el pijama me tumbé en la cama con una sonrisa, recordando el día de hoy. Era una locura, por que realmente conocía a Arturo de muy pocos días, pero había algo en él que me transmitía confianza, seguridad y sobretodo la facilidad de sacarme una sonrisa.
Desconecté el móvil y me acurruqué en la cama, dejando que mi mente no pensara en otra cosa que en él.
Continuará...
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