Capítulo 1
Me baje del taxi y le di una pequeña propina al taxista que fue tan amable conmigo durante el viaje. Dejé caer la maleta sobre la acera, la casa que tenía en frente parecía tan acogedora como siempre, ya era tarde y la luna alumbraba la calle con su luz. Desde aquí podía observar que la chimenea estaba encendida y por el silencio que había sospechaba que no echaban nada interesante en la televisión.
Decidí coger la maleta, acercarme a la puerta y por fin llamar al timbre. Estaba nerviosa, no sabía si la sorpresa les iba a gustar a mis queridos abuelos, me esperaban para dentro de dos semanas, pero decidí venir antes, ya que el abuelo anda mayor y me gustaría estar más tiempo con él.
- ¿Quién es a estas horas?
- ¡Abuela, soy Victoria, ábreme!
- ¿Victoria? Pero si hasta dentro de dos semanas no venías.
- ¿Y vas a dejar que te lo cuente desde la calle?
- Oh, cariño pasa, pasa. - Abrió la puerta -
Nos abrazamos fuertemente, me agarró de los mofletes y me dijo que estaba más guapa que cuando me fui hace seis meses. Eché un vistazo rápido a la casa, seguía igual de bonita y cuidada, lo que era increíble es que mi abuela seguía encendiendo cada tarde una vela con aroma a vainilla para que la casa no perdiera costumbre.
Me quité el abrigo, lo colgué en el perchero y me dirigí al salón, donde se encontraba mi abuelo, sentado en su sofá de cuero negro y el pequeño Calcetines acurrucado sobre sus piernas.
- ¡Sorpresa abuelo!
- Pero...- Su mirada quedó fija en mis ojos - Victoria ¿eres tú? - Entrecerró los ojos -
- Claro que soy yo abuelo, ¿Quién si no? - Me agaché para poder abrazarle -
La abuela observaba desde la puerta aquel abrazo tan cariñoso que nos dimos mi abuelo y yo, Calcetines comenzó a ronronear mientras se restregaba en mi espalda. Me giré para abrazarlo a él también, hacía mucho que no le veía. Al abuelo comenzaron a caerle lágrimas sobre sus sonrosadas mejillas.
- Abuelo ¿Qué ocurre?
- Me hace mucha ilusión verte hija, nada más. - Se restregó los ojos -
Me dirigí a la cocina, donde mi querida abuela ya estaba preparándome algo para cenar, aunque no tuviese hambre siempre se encargaba de prepararme algo por si las moscas, en este caso una tortilla francesa con jamón york. Cogí una de las sillas y me puse cómoda, estaba cansada del viaje. Me la sirvió en un plato y se sentó en frente de mí.
- Bueno hija, cuéntame ¿Qué tal por Londres? ¿Has aprendido mucho inglés? ¿Has trabajado mucho?
- Oh, sí abuela. Tanto una cosa como la otra - mi rostro comenzó a entristecerse -
- ¿Qué ocurre cariño? - Apoyó su brazo sobre mi hombro -
No salió ninguna palabra de mi boca, no podía contener más tiempo las lágrimas, comencé a llorar en silencio, tapando mi rostro con las manos. No podía evitar pensar en lo ocurrido antes de mi viaje.
Mi abuela se levantó y se fue, entendió que necesitaba estar sola.
Cuando terminé de cenar, me dirigí al salón pero ya estaba todo apagado, supuse que ya se fueron a dormir. Y yo no iba a tardar en hacerlo. Recogí mi maleta, subí las escaleras y entré en mi habitación. Seguía tal y como la dejé.
Lo único que saqué de la maleta fue el pijama, me lo puse y me acurruqué bajo mis sábanas encogiendo las rodillas y abrazando la almohada.
Continuará...
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